Andrea Donofrio | Domingo 13 de marzo de 2011
En los últimos años, el servicio ofrecido por la RAI, Radiotelevisione Italiana, compañía de radio y televisión pública de Italia, ha provocado el surgimiento de una extraña y generalizada sensación, una preocupante inquietud y una necesaria cuestión: ¿los medios de comunicación del servicio público italiano están controlados o influenciados por el Presidente del Gobierno?
Antes quizás sea preciso aclarar el concepto de servicio público como “el conjunto de prestaciones ofrecida por el Estado y que tienen como finalidad la cobertura de determinadas prestaciones a los ciudadanos”. En Italia, algunos episodios han hecho surgir una tremenda duda sobre este tema. Por brevedad, contaremos sólo los más significativos: el pasado 5 de marzo, la RAI decidió no emitir el video promocional de la película “Silvio Forever”, biografía “no autorizada” –y temida- de Silvio Berlusconi, realizada por Sergio Rizzo y Gian Antonio Stella. Los dos autores de “La Casta”, un libro corrosivo y documentadísimo sobre la corrupción, el nepotismo, los abusos de poder y los despilfarros nacionales, han realizado una película, donde con imágenes de archivo se recorre la trayectoria política y empresarial del cavaliere. La RAI ha declarado que no se trata de censura, sino de una decisión responsable ya que “en el comienzo de la película se reproducen declaraciones de la madre de Berlusconi, fallecida en febrero de 2008”. Sinceramente, si es por eso, cuesta entender la motivación: ¿ya no se anunciarán películas en la que aparecen personas muertas? ¿No se publicitarán más películas sobre Hitler? Ya en pasado la RAI prohibió la emisión del tráiler de polémico documental “Videocracy”, en el que se explicaba el nacimiento y la controvertida evolución del grupo de comunicación Mediaset, controlado por Berlusconi y centro de una investigación judicial. En este caso, la línea editorial de una cadena pública, financiada por todos los ciudadanos, decidió censurar el trailer. De la misma manera, el primer ministro intentó paralizar la emisión de un reportaje de investigación que reconstruía las inversiones del magnate milanés en el país antillano de Antigua y Barbuda, un paraíso fiscal presenta en la lista gris de la OCDE. Esta vez no lo consiguió, ya que se “enteró” demasiado tarde de su emisión.
Hay más datos que han hecho “saltar la alarma”: en marzo de 2010, el director de informativos de RAI 1, Augusto Minzolini, fue denunciado ante el colegio de periodistas por haber dado una noticia falsa, anunciando que el abogado británico David Mills –presuntamente corrompido por el Primer Ministro- había sido absuelto, cuando en realidad el Supremo establecía que el delito existió pero había prescrito. ¿Puede que un periodista no sepa que prescripción no es lo mismo que absolución? Bah. Más: el 27 de enero, el director general de la RAI, Mauro Masi, telefoneó al programa “Annozero”, que iba a tratar el caso Ruby y los sobrios festines de Arcore, para “disociarse” por anticipado del contenido del programa. ¿Clarividencia, presentimento o conocimiento de los hechos? Por lo menos, se ha visto que no sólo Berlusconi llama en directo a los programas de la TV.
Y finalmente, las dudas se convirtieron en casi certeza al analizar los datos sobre la presencia de Berlusconi en la televisión pública en enero de este año. En los noticieros, el cavaliere ha aparecido un total de 6 horas y 42 minutos, es decir 402 minutos, mientras que entre todos sus adversarios sunman un total de 400 minutos (Bersani, presunto líder de la izquierda 72 minutos, Fini 48, Di Pietro 25, etc.) Eso denota un fuerte desequilibrio en el pluralismo informativo, un modelo televisivo al estilo de la propaganda breznheviana, un “creciente y grotesco control de la información que ejerce el Gobierno de Silvio Berlusconi” (Antonio Tabucchi).
Preocupa, y mucho, esta situación: Berlusconi controla no sólo los medios de comunicación privada y una parte de los periódicos, sino también el servicio público, la RAI. Desde que Silvio Berlusconi, propietario de un auténtico imperio mediático, se convirtió en primer ministro de Italia, la política nacional no se plantea sólo en los términos de derecha e izquierda, sino en la relación existente entre poder y medios de comunicación. Estos datos ponen de manifiesto como Berlusconi sigue construyendo una “dictadura mediática”, una tele-dictadura, fundada en el control de los medios de comunicación y en el consenso popular. Su populismo mediático y su influencia sobre los medios representa una amenaza real para la democracia italiana. Frente a eso, puede que, como siempre, tenga razón Groucho Marx: “Encuentro la televisión muy educativa. Cada vez que alguien la enciende, me retiro a otra habitación y leo un libro”.
Ps. ¿Puede un imputado en cuatro juicios por media docena de delitos solicitar una reforma de la Justicia ya que esa “no funciona con la rapidez necesaria”? ¿Puede afirmar que es “en el interés de todos los ciudadanos”? En Italia, los pájaros se tiran a las escopetas…sí, ¡después de haberlas cargado con cartuchos de fogueo!
TEMAS RELACIONADOS: