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Gadafi rompe con la Liga Árabe que pide una zona de exclusión aérea

crisis en el mundo árabe

Lunes 14 de marzo de 2011
La Liga Árabe ha pedido oficialmente al Consejo de Seguridad de la ONU que proceda a establecer una zona de exclusión aérea en el cielo de Libia para impedir que la aviación de Gadafi bombardee a la población insurgente. Sin embargo en los pasillos de la reunión en El Cairo crece el temor a que los arsenales de armas libias puedan ser saqueados por mafias del crimen organizado.


19 de los 22 países de la Liga Árabe se pusieron de acuerdo este fin de semana para pedir al Consejo de seguridad “que asuma sus responsabilidades imponiendo una zona de exclusión aérea para proteger al pueblo libio”. Solo dos países se opusieron al consenso, Siria y Argelia, movidos más por el temor de que se siente un precedente que pueda aplicarse en un futuro no lejano a otros regímenes como los suyos propios, el de Abdelaziz Buteflika y el de Bachar el Assad. Libia no fue invitada a asistir a la reunión como medida de castigo por la represión de la insurrección que vive el país.

Pero en los pasillos de la Liga Árabe había también otros temas de preocupación. En particular el de los arsenales libios, que disponen de una gran cantidad de armamento ligero y semipesado, incluidos cohetes tierra-aire capaces de derribar aviones de línea.

Las agencias de inteligencia occidentales y árabes están convencidas de que los depósitos de armamento libios están mal custodiados, como se ha podido comprobar en las semanas precedentes. El temor mayor no procede de que el Consejo Nacional de Transición (CNT) formado por los insurgentes puede acceder a dichos arsenales. Todos los emisarios del CNT han dado garantías a sus interlocutores occidentales de que mantendrán un estricto control del armamento en su posesión. La Liga Árabe también ha establecido contactos con el CNT en el mismo sentido.

La pesadilla procede más bien de que una parte importante de las armas caigan en manos de las mafias del crimen organizado. No solo de sectores del Ejercito libio que decidan “somalizar” el país y hacer la guerra por su cuenta en caso de caída del régimen, sino de otros grupos con los cuales Gadafi había establecido contratos de mercenariado.

Ya en estos momentos se está observando una profusión de armamento entre las milicias que apoyan al régimen, las unidades militares fieles a Gadafi y los grupos de mercenarios. Entre las armas que podrían llegar a manos de las mafias del crimen organizado – grupos terroristas, contrabandistas, bandas de narcotraficantes, redes de venta de material militar ilegal – se encuentran los misiles SA-7, el equivalente soviético del Stinger norteamericano, teleguiados por el calor de las toberas de los aviones. En los últimos tres decenios Gadafi adquirió un gran número de estos cohetes. Algunos de ellos han sido mostrados por los insurgentes que asaltaron diversos acuartelamientos en el este del país.

Tanto los expertos de la Federación de Científicos Norteamericanos con sede en Washington, como los del Instituto de Investigaciones para la Paz en Oslo, están convencidos de que una buena parte de los arsenales ya no están bajo el control del Estado libio, y que será muy difícil recuperarlos cuando la contienda finalice, tanto si Gadafi recupera el control del país como si los insurgentes acaban con su régimen. Situación que empeoraría incluso más si la guerra civil se prolonga. Al final será el mercado negro el que abundara en oferta.

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