Antonio D. Olano | Lunes 14 de marzo de 2011
En una zarzuela, naturalmente española, creo que “La Gran Vía”, una de las “vedettes” cantaba una copla que muy pronto se repetiría en los patios de vecindad las casas y se escuchaba en todos los lugares. Decía así: “pobre chica la que tiene que servir”.
Alfonso Paso , uno de los mayores ingenios españoles, que en autoría teatral empataba con Lope de Vega –“más de ciento en horas veinticuatro cuatro pasaron de las musas al teatro”- estrenó una de sus funciones de más éxito que titulaba “Las que tienen que Servir”, protagonizada las hoy llamadas empleadas del hogar, nominación que sustituía a la de criadas, que dan titulo a una de las mejores obras de Genet.
El nombre no hace a los oficios bien los ejerzan las mujeres o los hombres. Aunque, y pese a los cambios de nominación inventados por la cosa del “bienestar social”, dice un refrán popular que “azotar y dar en el culo todo es uno”, a estas alturas del partido nadie ignora que “El gato al agua” que es uno de los programas televisivos más vistos en España, desmiente el gato escaldado no caza ratones.
Ocupa los primeros planos de actualidad una guapa señora, Isabel Laranjeira que denuncia y anuncia que trabajó como asistenta en domicilio particular de los Zapatero en la localidad madrileña de Las Rozas. Pero no fue dada de alta en la Seguridad Social y los dineros que la portuguesiña recibía por la prestación de sus servicios se le pagaban en “negro”.
Al parecer en el Palacio de la Moncloa sí saben, s contestan y casi confirman las declaraciones de la “mucama”. Consensuan la información dada por “La Gaceta”. En vez de responder a los medios informativos de los que salió la noticia, en el domicilio actual del Presidente del Gobierno, pretenden que la confusa aclaración sea publicada en medios afines de los mal llamados gobernantes.
Nada menos que firma esta nota el aclaratoria de a ceremonia de la confusión un Secretario de Estado (sueldazo, coche, dietas, escoltas etc).
De nombre Félix Monteira que hasta hace poco tiempo dirigió “El público” diario entusiasta del clan moncloita. Trata el funcionario del gobierno socialista de echar balones fuera y no lo consigue. Ni tampoco marcar golazo a los Messi, Forlán, Rossi, porque hacer gol o acertar en el centro de la diana no es cosa al alcance se inútiles y, por el mismo precio, incapaces.
Dado que la dama perjudicada es portuguesa nadie le extrañaría que los cantautores de “la ceja” diesen a conocer un nuevo “fado”, la canción lusitana por excelencia, entre cuyos adictos se encuentra este cronista. Varios de esos cejudos cantaban anteriormente y con entusiasmo a Franco y a sus XXV años de paz. E incluso difundieron una edulcorado canción que tenía como argumento a las nietas del Caudillo. Los idiotas lametrasero, no tienen ni upase ni remedio.
Un programa televisivo, magistral pieza del talento de Chicho Ibáñez Serrador se titulaba “Historias para no dormir”.
Dado el panorama en el que estamos sobreviviendo. no estaría de más que ese tábano genial que se llama Pedro Ruiz, crease otro culebrón que podría llamarse “Historias para no dejar de reír”. Uséase, los espejos cóncavos de Valle Inclán, los esperpentos que deberían titularse “La carcajada nacional”.
No tengo más remedio que repetirme, exhumando los antañones versos de don Francisco de Quevedo que rezan así:
Toda España está en un tris
Y a punto de dar un trás
Ministros y ministriles
Que tiene uñas bruñidas…
Felizmente para ellos las sordera de los gobernantes es infinitamente mayor que la de don Francisco de Goya y Lucientes.
Si viviese Goya en estos tiempos estaría actualizando sus pinturas negras, como negra es la actual Historia de España.
No debemos preguntar quién da menos, sino averiguar quién puede darnos más.
Seguramente pueden darnos más paro, más hambruna, más inseguridad, más terrorismo porque ellos administran todas las plagas que parecían imposibles y harán chicas a las de Egipto.
Una canción nacida en Portugal acabó con una supuesta dictadura. Un fado puede y debe ser desencadenante de nuestra deseada libertad.
La cantará una chica portuguesa, con certeça…
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