Viernes 18 de marzo de 2011
El viaje de Mahmud Abbas a la franja de Gaza llega tarde. Casi cuatro años, para ser exactos, que son los que lleva detentando allí el poder la organización terrorista. Abbas debería ser el presidente de todos los palestinos pero, en realidad, sólo lo es de Cisjordania. Las diferencias entre Hamas y Al Fatah, lejos de atenuarse, han ido a peor durante estos últimos años, llegándose en ocasiones a vivirse un clima de preguerra civil. Evitar que eso vuelva a suceder es el objetivo principal de la visita de Abbas, de ahí tanto su importancia como la imperiosa necesidad de obtener, aunque sea, un acuerdo de mínimos.
Dicho lo cual, Abbas no tenía que haber esperado tanto. El temor a Hamas es una de las razones fundamentales del deterioro de su liderazgo, cada vez más débil ante la impotencia que mostraba frente a los radicales de Gaza. Hasta el punto de que el mes pasado la autoridad palestina se vio obligada a aplazar la convocatoria de elecciones presidenciales y legislativas este año, ante la negativa de Hamas a que se celebrasen antes de que hubiese un pacto de reconciliación y se formase un Gobierno de unidad. Sea como fuere, es imprescindible que Abbas logre reconducir los ánimos entre las dos facciones palestinas, ya que el entendimiento de ambas podría cristalizar en un frente de actuación común que, sin renunciar a sus reivindicaciones, sí al menos se decidiese da defenderlas sin los métodos terroristas de Hamas. Ese sería un excelente punto de partida.
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