Julio Crespo MacLennan | Viernes 18 de marzo de 2011
Si finalmente se logra que se consolide alguna nueva democracia en el mundo árabe a raíz de las recientes revueltas, los árabes se lo deberán a su valentía y a su iniciativa, pero por ahora, no al apoyo europeo. La Unión Europea ha ido por detrás de los acontecimientos ante las revueltas de Túnez y Egipto. Inicialmente los líderes de la UE daban la impresión de no querer tomar posiciones claras hasta ver como evolucionaban los acontecimientos, hubo alguna que otra declaración de simpatía hacia Hosni Mubarak y no se pusieron de parte del pueblo hasta que ya las dos dictaduras estaban claramente derrotadas. Tampoco ayudaron las vacuas declaraciones de la Alta Representante para la Política Exterior, Catherine Ashton, que como era de esperar ha estado muy poco inspirada.
Las revueltas podían haber pasado a la historia como el feliz inicio de una nueva era de la democratización en el mundo árabe de no haber sido por Libia, donde la decisión del dictador Gadafi de resistir en el cargo a cualquier precio y por muchas vidas que tenga que llevarse por delante, ha llevado a su país al borde de la guerra civil, creando numerosos problemas para la región y también para Europa.
La crisis libia ha planteado a los países de la UE el peor dilema desde la guerra de Irak. Todos coinciden en que esta sería la ocasión para poner fin de una vez por todas a la sanguinaria dictadura de Gadafi y de paso librar a Occidente de uno de sus peores enemigos, pero están profundamente divididos sobre qué hacer para parar la matanza que Gadafi está llevando a cabo contra sus numerosos opositores.
Esta claro que la intervención armada o todo lo que sea poner tropas sobre suelo libio está descartada, por muy odioso que sea el dictador. La controvertida guerra de Irak puso fin a la era de las invasiones occidentales contra dictaduras, la idea de imponer la democracia por medios militares está muy desacreditada, a pesar de que funcionó en casos como Alemania, Italia, Japón, y más recientemente con Serbia.
Otra alternativa que se ha barajado es la de reconocer al bando rebelde libio y suministrarle armas y todo lo que necesite para resistir hasta la victoria final. Pero esta opción implica un problema difícil de solucionar: cómo hacer llegar las armas a los rebeldes, y una incógnita: ¿Qué garantías hay de que en caso de que los rebeldes logren derrotar a Gadafi, el gobierno que formen sea mejor que él, o al menos más democrático? Descartadas estas dos opciones bastante extremas, queda la más razonable que es la de decretar una zona de exclusión aérea, mediante la cual se evitará que las tropas de Gadafi puedan bombardear las zonas donde se encuentran los rebeldes. Esta tercera opción además de evitar muchas muertes, ayudaría a los rebeldes notablemente.
Decretar una zona de exclusión aérea, la opción más razonable y menos problemática desde el punto de vista político y militar ha sido finalmente rechazada a varios niveles. En el Consejo de Seguridad de la ONU, ni siquiera se ha llegado a plantear seriamente, debido a la oposición de China y Rusia, a quienes la utilización de la violencia contra los opositores les parece una cosa normal, y la muerte de cientos de civiles no parece resultarles suficientemente grave. Tras fracasar en obtener una resolución de la ONU tampoco se ha logrado consenso en la Unión Europea para declarar la zona de exclusión aérea, Sarkozy y Cameron, partidarios de utilizar esta opción, se han quedado solos.
Ante la aversión que tienen los líderes europeos a tomar medidas militares, las únicas en las que están de acuerdo los miembros de la UE es en aplicar sanciones económicas y decretar un embargo de armas, que sólo va a servir para debilitar aún más al pueblo libio y fortalecer a Gadafi que es el que ya tiene armas para utilizar contra sus enemigos internos.
Así los líderes europeos han evitado meterse en problemas en Libia, pero a base de sacrificar a su pueblo y el deseo de cambio de los que se levantaron contra Gadafi aprovechando la corriente democratizadora en el mundo árabe. Claro que como hemos visto en numerosas ocasiones, no hacer nada frente a un conflicto como el de libia puede tener graves consecuencias desde el punto de vista moral, político y económico. La Unión Europea ha perdido la ocasión de contribuir al fin de una de las peores dictaduras de las últimas décadas.
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