Ricardo Ruiz de la Serna | Sábado 19 de marzo de 2011
La ofensiva de Gadafi contra los rebeldes ha logrado acorralarlos en Bengasi mientras el mundo meditaba qué hacer contra el decadente dictador que va ganando su última batalla. La última esperanza delos insurgentes es la intervención internacional autorizadapro el consejo de Seguridad de Naciones Unidas y liderada por los Estados Unidos, Francia y el Reino Unido.
Cuando escribo estas líneas, 20 cazas franceses sobrevuelan Libia y acaban con una de las ventajas operativas que Gadafi tiene sobre los rebeldes: los tanques. El cumplimiento de la Resolución 1973 de Naciones Unidas, al final, lo han tenido que imponer las fuerzas armadas de países democráticos. España aporta a la misión 6 aviones, una fragata y un submarino y moviliza alrededor de 450 militares. Mientras tanto, los opositores al dictador resisten en Bengasi como los tejanos en El Álamo. En la comunidad internacional, ha habido reacciones diversas. La Federación Rusa ha criticado que se haya preparado una operación militar mientras Gadafi había acordado un alto el fuego ofreciendo una supuesta clemencia a los sublevados.
El problema es que ese alto el fuego no se lo creía casi nadie y es difícil confiar en un tipo como el general libio que ha oprimido a su pueblo durante décadas mientras predicaba el terrorismo por medio mundo libre. Ahora sólo queda que Gadafi se rinda y responsa por sus crímenes y muera matando. Es improbable que pueda exiliarse en un tercer país como proponían algunos: ¿dónde va a ir este asesino que pueda estar seguro? Sus valedores en Hispanoamérica, en especial Hugo Chávez, saben que su poder no es mucho más estable y que el ejemplo árabe puede cundir en Estados que cada vez son más fallidos y más tiránicos.
¿Qué sucederá después de la intervención? Es difícil preverlo. Quienes gobiernen tendrán que conservar un mínimo aparato estatal que evite el caos en que cayó Irak mientras negocian con las tribus que apoyaron durante décadas a Gadafi. El aparato de policía, espionaje y represión tendrá que ser desmantelado o reconvertido a riesgo de que las patologías antidemocráticas se perpetúen. La industria petrolera tendrá que reactivarse y para eso es necesario el regreso del personal extranjero que suple la falta de cuadros nacionales cualificados. Los vecinos de Libia vigilarán el cambio por su alterase las relaciones de poder que el dictador fue construyendo por toda África.
Hay que evitar falsos optimismos. Un territorio no se controla sólo con aviación. Habrá que desplegar tropas por tierra o crear las condiciones para que los propios insurgentes se hagan con el control del país, que parece lo más probable. La ayuda internacional consistiría en debilitar a Gadafi más que en derribarlo. De eso tendrán que encargarse los propios libios.
Eso espero.
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