Rafael Ortega | Domingo 20 de marzo de 2011
El sábado se celebró el Día del Seminario. Una jornada muy importante y que no debe pasar desapercibida para nadie y menos en estos momentos, donde se banaliza con todo lo que tenga un tinte religioso e incluso se lanzan mensajes no muy edificantes que, suponemos, hacen aumentar las agresiones a templos, como esta sucediendo todas las semanas. Ahora ha tocado a la parroquia de la Asunción en el madrileño barrio de Carabanchel, donde han robado copones, cálices y casullas. Es otra mala noticia que nos hace recordar tiempos pasados que no deseamos que se repitan.
Durante esta semana pasada, varios obispos españoles han publicado cartas con motivo de esta jornada del Seminario. Son mensajes muy importantes que nos sirven para pensar y que deben hacer reflexionar a los responsable de diócesis, donde los seminaristas prácticamente no existen. Por eso, es necesario que cada uno, desde el puesto que ocupa en la Iglesia, en la familia, en definitiva en la sociedad, colaboremos para encontrar jóvenes que quieran acercarse al sacerdocio.
Tenemos que pedir por aquellos que tienen una especial responsabilidad en la promoción de las vocaciones y que no suceda como cuando hace unos años, en el programa FRONTERA de Radio Nacional de España, que entonces dirigía el que esto escribe, mantenía en directo, en el mes de octubre, la siguiente conversación, que transcribo textualmente, con un formador de un seminario del norte de España:
-¿Cuántos seminaristas tiene el seminario?
-Tres
-Pocos
-Es lo que hay
-A propósito, usted ¿cada cuanto se confiesa?
-La última vez, creo que fue el pasado junio.
-Y usted cree que con ese ejemplo, ¿puede haber seminaristas…?
Hubo un silencio de varios segundos y cambiamos de tema. Aquello me produjo un gran dolor personal y por eso deseo que nuestras oraciones no vayan solo dirigidas a encontrar vocaciones, sino para los que forman, para los responsables. Como decía en su mensaje el Arzobispo de Mérida-Badajoz :“ Nuestra súplica debe elevarse al Señor pidiendo por quienes tienen una especial responsabilidad en la promoción de las vocaciones, en la educación de los posiblemente llamados y en el discernimiento de los candidatos al sacerdocio ministerial. Sería injusto preocuparse por las vocaciones sacerdotales solo cuando se hace especialmente notorio su descenso. Pero sería un contrasentido no acentuar nuestra oración y nuestro trabajo, digamos vocacional, en estos momentos de preocupante escasez”.
Este año celebraremos en el mes de agosto la Jornada Mundial de la Juventud, que puede ser un granero muy importante para futuras vocaciones. No estropeemos la recolección ni la trilla, porque es tarea de todos encontrar espacios para que los jóvenes reflexionen sobre la posible vocación. Y eso es tarea de todos, de todos los que formamos parte de la Iglesia, para encontrar sacerdotes para el mañana, que ejerzan como misioneros en este primer mundo.
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