María Cano | Lunes 21 de marzo de 2011
Una vez más, y ya he perdido la cuenta, los españoles que residen en un país que ha sufrido un desastre natural o en el que se ha desatado un conflicto inesperado han denunciado la mala gestión del Gobierno y, en concreto, de nuestra Embajada. Japón es el escenario actual. Primero, Exteriores aseguró que había contactado con todos los españoles en zona de riesgo. Después, aseguró que habían hablado con todos menos con dos o tres pero que “creían” que estaban bien. Y por último, ante las quejas de los españoles que allí residen, reconocieron que no habían hablado con tantos, sólo con aquellos registrados en la Embajada.
Tal y como ha denunciado El Imparcial, que sí se ha tomado la molestia de intentar contactar con estos ciudadanos, muchos de ellos cuentan con cartas que acreditan haberse registrado en la Embajada. Algunos, incluso, reciben información periódica sobre la legación diplomática. Primera mentira desmontada. Pero, ¿qué ha pasado con el vuelo?
Primero iban a enviar un avión con capacidad para 400 personas. Después, era para 300. Al final, han llegado 154 personas, 80 de ellas, españolas. Sí, 80… de 2.000. ¿De verdad ninguno de los otros 1.920 españoles que ahora mismo están en Japón quería volver? ¿O es que nadie les ha contactado? O, quizá, tal y como denuncia un joven en un grupo creado en Facebook por los propios españoles para mantenerse informados, les han llamado demasiado tarde, según iban quedando plazas vacías de esas 300 preasignadas de forma inicial, y ya no había tiempo suficiente para desplazarse hasta Tokio, desde donde salían el vuelo.
Si la comunidad española en Japón ya estaba enfadada con la Embajada, por decirlo de un modo suave, ahora Fukushima es una broma a su lado. Lo han hecho bien y se han organizado, permanecen en contacto, se informan unos a otros (cosa que no hace la Embajada) y han decidido remitir una carta firmada por todos los españoles que se han sentido abandonados por su propio país.
Lo vergonzoso del asunto es que no es un caso aislado, sino el modus operandi habitual de nuestras legaciones diplomáticas y de nuestro Ministerio. Vamos que si a usted le gusta viajar o está pensando en irse a vivir más allá de nuestras fronteras, cruce los dedos para que no le pille allí un terremoto, un tsunami, una revuelta, un tornado o una guerra. Si es así, búsquese la vida. Perderá un tiempo precioso si no lo hace desde el primer minuto.
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