en su infancia
Miércoles 26 de marzo de 2008
La profesora de la Facultad de Psicología de la UB Noemí Pereda ha presentado este estudio, realizado a partir de encuestas anónimas a estudiantes universitarios, que asegura que un 14,9 por ciento de los entrevistados afirmaron haber sufrido abusos sexuales con contacto físico antes de los 13 años, y un 3 por ciento, entre los 13 y los 18 años.
Para Noemí Pereda, estas cifras permiten confirmar que el abuso sexual infantil es un problema tan extendido en la sociedad española que son necesarios programas de prevención y ayuda a las numerosas víctimas, y "no pasará mucho tiempo en cobrar tanta importancia como la violencia contra las mujeres".
Según el estudio, un 15,5 por ciento de los chicos y un 19 por ciento de las chicas manifestaron haber sufrido la experiencia del abuso, cifras similares al resto de Europa y a las manejadas por los dos únicos estudios sobre el abuso sexual infantil en España, donde se empezó a estudiar el tema en la década pasada.
"La parte esperanzadora y positiva del estudio es que la gran mayoría de las personas que han vivido esta experiencia no ha desarrollado problemas psíquicos", ha destacado Pereda, quien ha señalado la necesidad de que los profesionales asuman su "responsabilidad moral" de proteger a estos niños y "trabajar con la familia para que les dé mucho apoyo".
La jornada, de carácter técnico y organizada en Barcelona por la Secretaría de Infancia y la Adolescencia de la Generalitat, ha reunido a expertos en psicología y medicina y profesionales de la dirección general de Atención a la Infancia y Adolescencia, de centros de Infancia, de los Equipos de Atención a la Infancia y Adolescencia y otros profesionales del sector.
Pereda ha destacado la complejidad del problema del abuso sexual infantil, ya que "no existe una relación causal", por lo que es difícil detectar los casos, "a menos que la propia víctima los revele", o sean los más flagrantes, como las violaciones.
La psicóloga ha reclamado "una sensibilización social para que cambie la visión del abuso sexual y de los derechos de los niños" porque sin ella "no habrá notificación" de las agresiones y, sobre todo, los niños no estarán protegidos de sus agresores ni ayudados a superar los traumas que hayan desarrollado.
Pereda ha recordado que "en los países mediterráneos hay un mayor rechazo a la intromisión en la familia" que aún hace más complejo ayudar a los niños.
Por su parte, el jefe del servicio de Pediatría y Urgencias del hospital infantil de Sant Joan de Déu, Jordi Pou, ha indicado que "el 60 por ciento de las sospechas de abuso acaba sin su confirmación", en la presentación de una ponencia sobre la importancia del diagnóstico del abuso sexual infantil y las consecuencias que se derivan de ello.
Pou ha destacado las "consecuencias muy graves en el seno de la familia que puede tener un diagnostico equivocado", y la necesidad de tener cuidado con los "aprendices que ven dos síntomas y pueden organizar un jaleo", llevando a desacreditar a los profesionales.
"No hay que intentar encontrar aquel síndrome que no existe. Muchos niños se masturban y eso no significa que han sufrido un abuso sexual", ha señalado el pediatra, quien ha reclamado "sensibilización, no alarma".
Pou ha explicado que la mayoría de los casos que se desestiman es por falta de fundamento y que este se detecta ya en la entrevista al denunciante, cuando la denuncia de supuestos abusos se efectúa en medio de "separaciones guerreras o problemas familiares", que hace que a veces alguno de los progenitores "vengan directamente a pedirte un papel con un objetivo judicial"
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