VISITA AL LABORATORIO ANTIDOPAJE DE MADRID
Javier Nuez | Sábado 26 de marzo de 2011
El Imparcial visita el laboratorio antidopaje de Madrid, uno de los 35 centros de todo el mundo avalados por la Agencia Mundial contra el Dopaje (AMA). Su director, Jesús Muñoz-Guerra, nos explica su funcionamiento.
El caso del clembuterol de Alberto Contador y la Operación Galgo han devuelto a las portadas del deporte el tema del dopaje. Para conocer los entresijos de la lucha contra esta lacra, visitamos el laboratorio antidopaje de Madrid de la mano de su director, el Doctor en Ciencias Químicas Jesús Muñoz-Guerra, quien nos ha explicado la parte fundamental del proceso: la búsqueda del positivo.
La historia del laborario antidopaje de Madrid se remonta a 1964, año de su creación, aunque no fue hasta 1969 cuando empezó a recibir muestras internacionales, tras los avales de las federaciones internacionales de atletismo y ciclismo. Ya en 1982, obtuvo la acreditación del Comité Olímpico Internacional, distinción que ha logrado mantener de manera ininterrumpida hasta la actualidad, cuyo control recae ahora sobre la Agencia Mundial Antidopaje (AMA).
Con los últimos datos actualizados por la AMA hasta septiembre de 2010, comprobamos que en el laboratorio de Madrid, ahora dependiente de la Agencia Estatal Antidopaje (AEA), se recibieron 7.132 muestras en un año, de las cuales 80 (el 1,12 %) resultaron ser “adversas”. Por lo tanto, el centro español está dentro de la media de los 34 laboratorios restantes, cuyo porcentaje es del 1,11 %.
La confidencialidad, inquebrantable
Cada semana llegan al edificio, situado en el complejo del Consejo Superior de Deportes de Madrid, unas bolsas refrigeradas llenas de pequeñas cajas de corcho. En cada una de ellas se guarda un bote de orina y un vial con sangre. “Tanto el análisis de la sangre como el de la orina son complementarios, pero de donde más resultados sacamos es de la orina”, nos apunta el director del centro.
En el laboratorio, cada muestra es identificada a través de un código alfanumérico, nunca por el nombre del deportista al que pertenece. “Por los datos, sabemos el evento deportivo en el que se tomó la muestra, pero no la identidad de los donantes”, nos explica el Doctor Muñoz. Continúa diciéndonos que “si por alguna razón conocemos la identidad de la persona que cedió la muestra, ésta es automáticamente invalidada”.
La importancia de la cadena de custodia
La seguridad en torno a la muestra de un deportista es fundamental para mantener el rigor del sistema que lucha contra el fraude deportivo. Ya desde el momento en el que se toma una muestra se pone en marcha una cadena de custodia. Su toma debe estar supervisada por un médico cualificado, que se encargará de almacenarla y hacerla llegar al laboratorio. En algunos casos puede pasar algún día en un congelador en el domicilio particular del médico.
Una vez en el laboratorio, las muestras son almacenadas en congeladores controlados por un sistema informático que vierte en un servidor todos los cambios en la temperatura. Ya en el propio laboratorio, cada paso que se da se deja por escrito en la cadena de custodia, desde el técnico que la manipula, la cantidad sustraída y la operación que lleva a cabo con ella. De esta manera se asegura un registro pormenorizado de la orina y la sangre del deportista.
El momento del “resultado adverso”
Si una vez hecho el análisis se encuentra un valor anómalo o una sustancia prohibida (comprobado con un segundo análisis) el laboratorio avisa inmediatamente a la federación nacional e internacional del deportista afectado, a la entidad deportiva gubernamental del país al que pertenece (CSD en el caso de España) y a la AMA. A partir de ahí, el deportista tiene derecho a solicitar un contra-análisis en el que puede figurar como testigo junto a su abogado o los expertos que considere necesarios.
Luego, es la federación nacional quien determina si ese resultado adverso puede ser considerado un positivo. Si no estuvieran de acuerdo con la resolución, tanto el deportista como la federación internacional y la AMA tienen derecho a recurrir la decisión. El caso de Alberto Contador es un claro ejemplo de ello.
Un margen de mejora
Los 33 técnicos que trabajan en el laboratorio de Madrid no son ajenos a las restricciones presupuestarias que sufre el conjunto de la Administración del Estado. La idea del director del centro es adquirir nuevos dispositivos capaces de dar una análisis completo de todos los elementos que componen una muestra, de manera que aunque pasen años, si se descubre una sustancia dopante que se haya podido usar en el pasado, habría quedado registrada. “Hasta ahora contamos con aparatos que buscan lo que nosotros les decimos; si queremos buscar EPO, preparamos una muestra durante cuatro días para que luego la máquina programada a tal efecto nos diga si hay o no EPO”, señala. “La idea es ir adquiriendo poco a poco tecnología nueva y personal capacitado para manejarla”, nos explica Muñoz.
Otro de los “handicaps” del laboratorio es la falta de espacio. Las más de ocho mil muestras que se reciben al año deben ser almacenadas. Aquellas que no han dado resultados adversos se guardan durante un año. Pero si el resultado es adverso deben permanecer disponibles durante ocho años. “En un futuro tendremos que ampliar la zona de almacenamiento para no hacer malabares a la hora de almacenar todas las muestras”, añade el director del centro.
Un control estricto
Ya en el final de la visita, nos señala con orgullo uno de los elementos que hacen especial al laboratorio madrileño: el certificado de la AMA. “Son muy estrictos y es muy difícil conseguirlo”, nos comenta sobre un documento que poseen 35 laboratorios en el mundo, dos de los cuales están en España (el de Madrid y otro situado en Barcelona).
Además, también nos explica la seriedad que mantienen respecto a los exámenes que hace la propia AMA a los centros: “A lo largo de un año nos realiza dos exámenes basados en entregarnos una muestra de la que ya ellos conocen los resultados. Si las cantidades coinciden, perfecto. Si no detectamos una sustancia que sí está presente en la muestra, expediente. El problema serio vendría si en nuestros análisis aparece un resultado adverso que no se corresponde con el de ellos, es decir, un falso positivo”. En ese caso, el laboratorio recibiría una suspensión inmediata de seis meses como mínimo. Y a partir del plazo con la sanción cumplida, vuelta a empezar con las exigencias para recibir de nuevo el certificado.
TEMAS RELACIONADOS: