Los Lunes de El Imparcial

María Jesús González Hernández: Raymond Carr. La curiosidad del zorro. Una biografía

crítica

Domingo 27 de marzo de 2011
María Jesús González Hernández: Raymond Carr. La curiosidad del zorro. Una biografía. Prólogo de Paul Preston. Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores. Barcelona, 2010. 680 páginas. 35 €


Las historias de España conforman un género clásico de la historiografía, desde la obra del Padre Juan de Mariana a fines del siglo XVI hasta las recientes de Antonio Domínguez Ortiz o José Enrique Ruiz-Domènec; desde los trabajos de Antonio Pirala y Modesto Lafuente en el siglo XIX hasta la monumental colección dirigida, en la segunda mitad de la centuria siguiente, por Ramón Menéndez Pidal –y, más adelante, por José María Jover– o los libros de Jaume Vicens Vives. Cada periodo, además, tanto las épocas antigua y medieval como la moderna y la contemporánea, dispone de sus propias historias. En concreto, para la última etapa, que los historiadores hacen empezar habitualmente en 1808, con la guerra de la Independencia, y a la que denominan contemporánea –aunque en los últimos tiempos se le haya añadido una nueva fase, la de la historia del tiempo presente, actual o inmediata–, una obra ha sido fundamental y enormemente influyente: Spain 1808-1939, de Raymond Carr. Fue publicada en 1966 y traducida al español tres años después, en 1969. Más adelante, con la colaboración de uno de sus discípulos, Juan Pablo Fusi, esta historia de la España contemporánea fue ampliada, en varios formatos, con el estudio de la dictadura de Franco y el periodo democrático. En la última edición española, de 2009, se presenta ya con el título España 1808-2008. Como quiera que sea, la combinación de rigor, capacidad de síntesis, ingenio interpretativo y amplios conocimientos hicieron que la aparición del libro de Carr, en la segunda mitad de la década de 1960, supusiera una pequeña revolución en un gris panorama historiográfico español.

A Raymond Carr, nacido en la ciudad inglesa de Bath en 1919, ha dedicado una extraordinaria biografía la profesora de la Universidad de Cantabria María Jesús González. Hace unos años, la extensa recopilación de la obra dispersa de Carr, en El rostro cambiante de Clío (2005), fue de gran utilidad para acercarnos a los múltiples campos de interés del personaje, desde la literatura a la caza del zorro pasando, sobre todo, por la historia en el sentido más amplio posible del término. El libro que ahora se acaba de publicar nos ayuda a entender al historiador en sus escenarios, que no son otros que el de los college de Oxford, el de la aristocracia –el ascenso social de Carr, desde sus orígenes humildes a la integración en el espacio de las elites está muy presente– y el de la intelectualidad y la política inglesas. La autora ha hecho un enorme esfuerzo, en este sentido, para ofrecer al lector una reconstrucción minuciosa del ambiente, tanto intelectual como mundano, de Oxford y, muy especialmente, del St Antony’s, que Carr dirigió durante mucho tiempo. Las páginas dedicadas al tópico del “colegio espía” para referirse a St Antony’s resultan, pongamos por caso, muy interesantes.

El historiador británico fue, escribe González, “hombre de Oxford”, esto es, “un alumno brillante, un fellow iconoclasta y reformista y un tutor admirado. Pero sobre todo se convirtió en el carismático e hiperactivo warden de uno de los colleges más internacionales de Oxford, St Antony’s”. Gracias a esta biografía podemos conocer mejor el universo historiográfico de Carr, tanto por lo que se refiere a su interés por España –además de por Suecia, en unos primeros momentos, o América Latina–, sus maneras de trabajar y, asimismo, su voluntad de crear un grupo de estudio sobre el mundo hispánico. El resultado de este último aspecto fue el Iberian Center y un elenco de discípulos sobresalientes, entre los cuales se encuentran Joaquín Romero Maura, José Varela Ortega, Juan Pablo Fusi o Shlomo Ben Ami, que constituyeron una saludable y esperanzadora alternativa liberal –la denominada a veces “escuela de Oxford”– a la historiografía marxista dominante en la España de los setenta e inicios de los ochenta. No fue, sin embargo, como explica la autora, ni un magisterio ni una escuela en el sentido más estricto de ambas palabras: “En realidad Carr nunca ejerció un magisterio propiamente dicho, ni en el plano historiográfico ni mucho menos en el metodológico. Él mismo admitió siempre no tener una metodología rígida, una teoría historiográfica, un esquema predeterminado. Por eso el término de «escuela» aplicado a su influencia en ese grupo de españoles resulta, tal vez, demasiado formal.” El estilo, la sabiduría y el atractivo intelectual de Carr –en varias ocasiones se insiste acertadamente en la notable capacidad de seducción del personaje– cohesionan el núcleo de sus seguidores. La vida pública no esconde, en la biografía escrita por González, la privada. Amores, fiestas, viajes, estudio y, también, algunas excentricidades, forman parte del relato de una vida que, a veces, parece una película o una novela; además de parecerlo, en alguna ocasión lo fue, como muestra Accident, el best seller de Nicholas Mosley llevado a la gran pantalla, en 1967, por Joseph Losey. Raymond Carr. La curiosidad del zorro. Una biografía consigue fijar, en fin de cuentas, con buena prosa, la pasión por el trabajo y por la vida del autor de Spain 1808-1939.

Encontrar un buen título para una obra no es tarea baladí. No me refiero a uno que esté sobre todo pensado para vender más ejemplares –aunque tampoco deban hacerse ascos a esta cuestión–, sino a que, en pocas palabras, logre identificar la esencia del contenido del volumen que encabeza y presenta. En este sentido, la parte central del título del libro de María Jesús González está muy bien pensada y sintetiza a la perfección algunos de los principales rasgos de la vida, la obra y las actitudes ante el mundo del biografiado. Dos palabras, “curiosidad” y “zorro”, permiten evocar tres facetas o caras de la persona y el personaje Raymond Carr. En primer lugar, la implícita referencia, a través de la imagen del zorro, a Isaiah Berlin –cfr. el capítulo primero de su libro sobre Tolstoi, The Hedgehog and the Fox, de 1953–, al que frecuentó bastante, nos muestra la inclusión del personaje entre los cultivadores y defensores del pensamiento abierto. La autora escribe, en el epílogo de la biografía, que “no hay filiación teórica o política clara en la obra de Carr más allá de ese liberalismo difuso”. En segundo, a partir de la famosa contraposición de Arquíloco, retomada por Berlin, entre el zorro que sabe muchas cosas y el erizo que sabe una gran cosa, la autora destaca la inmensa curiosidad intelectual de Raymond Carr. La cita de Arquíloco, acompañada de otra del propio historiador británico, abren la obra: “Pero sin las generalizaciones del zorro –sobre la lucha de clases, el imperialismo, la dependencia, etc.– los pobres zorros como yo estaríamos condenados a una especie de puntillismo intelectual, sin dibujo general”. Finalmente, el zorro es también el de la caza del zorro, practicada y defendida por Raymond Carr, que da pistas sobre el escenario aristocratizante en el que transcurre la mayor parte de su vida. Sobre la caza del zorro resultan de gran interés el libro de Carr, English Fox-Hunting. A History (1976), la compilación de trabajos reunidos por Raymond y Sara Carr, Fox Hunting (1982) o los textos traducidos al español sobre esta cuestión, acompañados de una introducción expresamente escrita para la ocasión, en el volumen, ya citado, El rostro cambiante de Clío.

La biografía de Raymond Carr que ha escrito María Jesús González es apasionante. Me atrevo, sin embargo, a hacer tres observaciones, que no estoy del todo seguro de que constituyan críticas, en el sentido más clásico que aplicamos a este término. La primera tiene que ver con la típica tendencia que tenemos algunas personas de pedir siempre más a los libros ya excelentes. No formaba parte del proyecto de la autora a la hora de elaborar esta biografía, pero una mayor dedicación al contenido y aportaciones de las distintas obras de Carr hubiera resultado de interés para el lector. La segunda se refiere a la manera de aludir al biografiado que se usa en el libro. Supongo que nos dice mucho del nivel de cercanía y conocimiento con Raymond Carr adquirido por María Jesús González, pero no han dejado de chocarme, en la lectura de la obra, las continuas alusiones a Raymond, sin más. Finalmente, en un trabajo en el que no se deja ningún cabo suelto –es uno de los muchos méritos del libro que estoy reseñando–, sorprende que, ya en la parte final, en el capítulo XII, quede un tema a medio resolver. Me refiero a la salida del Centro Ibérico –el Iberian, como lo llamaban coloquialmente– y de St Antony’s en 1973, así como el abandono del trabajo historiográfico, de Joaquín Romero Maura. En esta ocasión, las explicaciones de la autora se nos antojan insuficientes para entender un episodio importante en la vida de Carr y, más allá, para hacerse una clara idea de una de las pérdidas más importantes que ha tenido la historiografía contemporánea española en la segunda mitad del siglo XX, solamente comparable con la prematura muerte de Jaume Vicens Vives en 1960. En la larga lista de entrevistas grabadas por la autora no figura tampoco, curiosamente, Romero Maura. Pequeñas observaciones al margen, mi conclusión es que estamos ante una obra excelente, bien documentada, bien pensada y bien escrita. Leer y saborear Raymond Carr. La curiosidad del zorro. Una biografía constituye un auténtico placer.

Por Jordi Canal

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