Lunes 28 de marzo de 2011
Este pasado sábado el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmud Abbas, se reunía de nuevo con representantes de Hamas, a fin de lograr una reconciliación entre los gobiernos de Gaza y Cisjordania. Oficialmente, ya lo había hecho con luz y taquígrafos hace no mucho, si bien los intentos de Abbas por tender puentes con Hamas vienen de lejos, y siempre con el mismo recorrido: desde Cisjordania. Ello pone de manifiesto que, de las dos facciones palestinas, sólo una parece dispuesta a arreglar las cosas.
Hamas, por su parte, siempre se ha caracterizado por una cerrazón hacia un eventual acuerdo con Israel y hacia su propia gente en Cisjordania que ha derivado en la caótica situación que padecen los habitantes de la franja de Gaza. A ello hay que añadir los ataques perpetrados por milicianos de Hamas contra intereses israelíes durante las últimas semanas, lo que puede derivar en una escalada de tensión en la zona. Es sabido que la política actual de Netanyahu no se distingue precisamente por su habilidad, y que la debilidad en el liderazgo de Abbas, heredada del enorme agujero que dejó la corrupta herencia de Arafat, tampoco ayuda demasiado. Pero si Hamas quiere hacer algo útil por su pueblo, haría bien en abandonar la estela terrorista e intentar ponerse de acuerdo con su propia gente, en lugar de pasarse la vida luchando contra todos. En sus manos está… y -lo que complica mucho el escenario- en la de socios internacionales como Irán, no precisamente conciliadores.
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