Miércoles 30 de marzo de 2011
Lo más significativo de la reunión celebrada ayer en Londres con la crisis libia como telón de fondo fue el estreno como entidad de facto del Consejo Nacional Transitorio Interino -CNTI-, que agrupa a los miembros de la oposición a Gadafi. Hubo también discursos grandilocuentes; es decir, mucha declaración de buenas intenciones pero poco interés por actuar en una zona cuya peligrosidad es responsabilidad en cierta medida de muchos de los que ayer se daban cita en la capital británica.
Hubo una época, muy reciente, en la que Gadafi era recibido con todos los honores por la gran mayoría de países europeos. Italia y España mantenían excelentes relaciones con Trípoli, al igual que Francia. Todos le vendían armas. Hasta Inglaterra llegó a venderle armas a un régimen que fue responsable intelectual -cuando no material- del atentado de Lockerbie. Pero el Gadafi actual no se diferencia mucho del de antaño. Eso significa que algunos estados deberían elegir mejor a sus amigos de hoy y enemigos de mañana. Ya lo sufrió en sus carnes Estados Unidos ayudando a erigir a los talibanes como oposición a los soviéticos, y a Hamas frente a Al Fatal, por no hablar de los tratos con un tal Osama Bin Laden. Hay errores que acaban pagándose muy caros. Y la actual indefinición en Libia puede ser uno de ellos.
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