Crítica de ópera
Jueves 31 de marzo de 2011
Con funciones a partir del próximo día 7 de abril, que se alternarán en horario de mañana para colegios y de tarde para las funciones familiares, el Teatro Real presenta, dentro de su Proyecto Pedagógico, la ópera “El niño y los sortilegios”, compuesta por Maurice Ravel con libreto de Colette, en la adaptación musical para piano a cuatro manos, flauta y violoncello de Didier Puntos. Las representaciones de esta obra, incluida en el Proyecto Ópera estudio para jóvenes cantantes, tendrán lugar en la Sala verde de los Teatros del Canal y está recomendada para niños a partir de doce años.
Antes de su estreno, esta mañana ha sido presentada a la prensa por sus dos máximos responsables: Didier Puntos, director musical y pianista, y, especialmente, creador de esta versión de cámara de la obra compuesta por Ravel para la Ópera de Lyon y posteriormente representada en la Ópera de París en 2003; y Jean Liermier, director de escena, que ha explicado la forma en la que se enfrentó al reto de poner en el escenario una obra que habla de la infancia. Una visión de la infancia, ha advertido, que ha querido despojar de la ironía más propia de un adulto, que, a su juicio, tenía el libreto de Colette.
Por eso, Liermier, que empezó su carrera como actor y fue el primer Tintín que se subió a un escenario de teatro para dar vida al mítico personaje, ha confesado que cuando recibió la propuesta para ir en 2009 a París con esta obra, al principio, lo hizo a regañadientes. “Había algo en el libreto que se me resistía”, ha explicado. Enseguida descubrió que se trataba de esa ironía y quiso dar la vuelta a la concepción de la obra, de modo que en vez de encararla como una historia que habla de la infancia, quiso reflejar, sobre todo, la violencia en la infancia. Porque, a su juicio, el recreo cuando tienes seis o siete años es, en realidad, un horror, una selva, en la que los niños tienen que aprender a sobrevivir cada día. Y entonces, en su visión, el niño protagonista de la obra ya no nos aparece como un perezoso, sino que está preocupado por lo que tiene dentro y, cuando la madre acude a él con carantoñas infantiles, lo que él realmente quiere es “desollarla viva”. En definitiva, ha tratado de que no nos quedemos sólo en lo bonito de la infancia.
Por su parte, Didier Puntos, ha querido hacer hincapié en que se ha tratado de hacer un espectáculo con jóvenes, pero que también fueran ya profesionales. Para la elección del elenco se convocaron durante el pasado mes de octubre dos días de audiciones para cantantes menores de 32 años, en las que finalmente fueron elegidos la ucraniana Anna Moroz, la argentina Mercedes Arcuri, el barítono cubano Elier Muñoz, y los españoles Anais Masllorens, Carolina Moncada, Virginia Bravo, Gerardo López y Fabio Barrutia. Al tratarse de una obra de cámara, el trabajo que se exige a los cantantes no es sólo el de solistas sino también el coral, porque, en palabras de Puntos, “Todos tienen que ser conscientes de lo que ocurre a su alrededor”. Y eso, añade, “precisa más tiempo”. De hecho llevan casi dos meses preparando la obra, fundamentalmente para crear ese espíritu de compañía y trabajar en la lengua francesa, que requiere un estilo musical especial, casi como si fuera susurrada con colores sutiles y diversos. Sin olvidar de asegurar, asimismo, la necesaria conexión entre los cantantes y el cuarteto, formado por el Alexis Delgado (corepetidor y pianista), Ana Estefanía Rodríguez Morán (flauta), Julia Torralba Porras (violoncello) y el propio Puntos, al piano.
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