y digo yo
Sábado 02 de abril de 2011
Ya no me interesa saber si el PSOE esconde a Zapatero porque considera que puede resultar perjudicial que el presidente del Gobierno haga campaña en las próximas elecciones municipales y autonómicas. Ni siquiera me apetece caer en la maraña de apuestas sobre quiénes serán los candidatos a sucederle. Lo que de verdad me intriga es saber por qué no se marcha Zapatero.
Resulta difícil de entender un enquistamiento en el cargo que no le permite ver más allá de lo que sólo a él le interesa, un ansia por no perder un puesto que considera suyo por Gracia Divina o una ambición sólo propia del que se cree llamado a pasar a la Historia de la humanidad, cuando lo cierto es que pocos –o muy pocos–, aferrados a una lealtad mal entendida, siguen dándole un apoyo que le puede hacer más mal que bien.
Y digo yo: ¿Por qué no se va, qué espera, qué quiere? ¿No ve que su marcha ayudará, con toda seguridad, a que su partido recupere, no sólo la alegría, también la confianza de un electorado desencantado? ¿De verdad está pensando en España o sólo en él mismo? ¿En qué confía Zapatero para que la situación se torne beneficiosa para su persona?
No es únicamente que España tenga el índice de desempleo más elevado de Europa o que las expectativas en nuestra economía estén por los suelos o que nadie nos tenga en cuenta a nivel internacional o que muchos españoles estén pensando en marcharse de este país a buscarse la vida por otro lado, que no es poca cosa, el verdadero problema es que no se vislumbra la más mínima recuperación. Pero es que tampoco se ven ganas de hacerlo. La economía mejorará, claro, “no hay mal que cien años dure”, que se dice, pero no será por la gestión de este Gobierno, sino por el esfuerzo de los sacrificados ciudadanos.
Por otra parte, las cosas en el terreno de la lucha antiterrorista se están poniendo también muy feas para el Ejecutivo de Zapatero y la negociación secreta y tramposa con Eta, los favores y contrapartidas a los terroristas, el soplo en el bar Faisán y el desprecio que sufren muchas de las víctimas no darán, sin duda, ningún rédito político.
Vista la situación, Zapatero no puede agarrarse exclusivamente al clavo ardiendo de que Botín le ha dado cuatro palmaditas en la espalda para no retirarse antes de tiempo, porque el presidente de un banco y los mercados, como buenos enemigos de las sorpresas, lo que quieren siempre es un panorama político/económico/social previsible. El conocido como “presidente por accidente” no debe apoltronarse y esperar otro golpe de fortuna que le vuelva a colocar en el sillón de La Moncloa.
Un presidente de Gobierno que dedica más esfuerzos a criticar a la oposición que a administrar los intereses de su pueblo debe dejar su puesto y dedicarse a otra cosa, porque su tiempo como líder de un país, primero, y de un partido político, después, se ha terminado. Y lo peor es que lo sabe.
TEMAS RELACIONADOS: