Lunes 04 de abril de 2011
La espiral de violencia religiosa que se ha apoderado de Afganistán con motivo de la quema de un Corán en Estados Unidos puede tornarse en un serio problema si no se le pone solución en breve. Obama entiende que dicha solución pasa por contemporizar y poner paños calientes, a tenor de sus declaraciones de ayer. Conviene recordar que ha muerto ya de forma violenta un número considerable de personas a manos del fanatismo religioso islámico, y que pueden seguir muriendo durante los próximos días.
Precisamente por eso, resulta de vital importancia realizar un análisis preciso de la situación antes de sucumbir a complejos estúpidos y contraproducentes. Porque, es desde luego execrable que se queme cualquier libro, Corán incluido. Pero es mucho peor que por un acto irracional, condenable y posiblemente delictivo, perpetrado a miles de kilómetros se asesine a gente por el mero hecho de trabajar para Naciones Unidas. Así las cosas, Obama comete un lamentable error equiparando en su condena ambos hechos. No es lo mismo. Ni remotamente. Por muy intolerables que puedan resultar determinadas ofensas, nunca justificarán el asesinato de seres humanos inocentes. Y eso debería tenerlo muy claro no sólo Obama, sino todo el mundo.
Para empezar, todo el mundo occidental. Si queremos comprender las cosas, para compartirlas o combatirlas, para el caso tanto da, en Occidente deberíamos entender que el “mea culpismo” con que estamos abordando los graves problemas que tenemos en relación al mundo islámico es más bien –como nos enseña André Glucksman- un exorcismo judeo-cristiano que un análisis racional de la realidad.
TEMAS RELACIONADOS: