Jueves 07 de abril de 2011
La oposición argentina no parece encontrar una vía para organizarse y armar una alternativa contra el “kirchnerismo” ante la imparable popularidad de la presidenta Cristina Fernández, que desde que enviudó ha cautivado tantos corazones como sumado seguidores para su causa de cara a los comicios presidenciales de octubre. Tanto sus detractores, dentro del propio peronismo, como sus rivales políticos, no saben que hacer ante el “fenómeno Cristina”, que hasta la fecha suma más de 20 puntos porcentuales de ventaja en lo que a intención de votos se refiere.
Sin embargo, la pérdida de espacios políticos por parte del bloque opositor no sólo responde al carisma natural de la mandataria y a la empatía que ha generado en la ciudadanía en los últimos meses; sino también al fallo estratégico de los líderes políticos que se diluyeron tras haber obtenido la victoria en las legislativas de 2009, condenando a muerte una oposición que había adquirido fuerza y solidez a raíz de esas elecciones. Las divisiones internas, los egos y los intereses particulares han imposibilitado mantener la necesaria unidad para establecer un frente común que compita dignamente contra el oficialismo, lo que ha resultado ser el harakiri de una oposición que, a seis meses de la cita electoral, carece de una ruta de acción trazado que permita bajar la temperatura ascendente de la fiebre de la era “K”.
De no acelerar la marcha en la búsqueda de un “remedio” paleativo para el “efecto Cristina”, la oposición, más que desempeñar un papel decoroso y llevar a cabo una digna contienda política, terminará haciendo el ridículo el próximo 23 de octubre.
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