Opinión

Elecciones en Perú

Pedro Cateriano | Viernes 08 de abril de 2011
La terrorífica disyuntiva planteada hace unos meses por el premio Nobel Mario Vargas Llosa sobre las elecciones presidenciales en el Perú, elegir entre el sida y el cáncer terminal (Ollanta Humala o Keiko Fujimori), podría hacerse realidad este 10 de abril. Ese día se llevará a cabo la hasta hace poco predecible primera ronda electoral presidencial.

Pero ocurrió lo imprevisible o impensado: el candidato nacionalista Ollanta Humala es el nuevo líder en todas las encuestas. Además, cómodamente. Es seguido por el ex presidente de la República Alejandro Toledo, la hija del ex dictador Fujimori, Keiko Fujimori, y por el ex presidente del Consejo de Ministros y Ministro de Economía y Finanzas del gobierno de Toledo, Pedro Pablo Kuczynski. Los tres están prácticamente empatados, según también todas las encuestas.

De todos los candidatos los únicos que han aumentado su apoyo popular en estas últimas tres semanas son: Humala debido a su moderación y cambio de imagen, pero sobre todo porque durante casi toda la campaña no recibió ataques debido a que se le consideraba un postulante sin opción, y Kuczynski, quien es la sorpresa de la campaña. Éste ha aprovechado inteligentemente su reputación de economista exitoso y, además, ha contado con el apoyo de los sectores juveniles de las clases medias quienes se han conectado con él gracias a una efectivo trabajo en redes sociales. Lo ha favorecido también su buen humor para enfrentar toda clase de temas. Toledo sufrió una significativa caída por los errores en los que él mismo incurrió y por la guerra sucia que sus adversarios diseñaron en su contra. La hija del ex dictador ha mantenido su sólido respaldo, sin mayor crecimiento, ni merma.

La gran decepción la constituye el popular y eficiente ex alcalde de Lima, Luis Castañeda, que inició la contienda presidencial liderándola, pero que a estas alturas está prácticamente fuera de juego y sin mayor opción. Sin duda el suyo fue un pobre desempeño.

Los cinco expusieron sus puntos de vista el domingo previo a la elección, en un debate que fue transmitido a nivel nacional por toda la televisión privada (a la que se le sumó el canal estatal). Pero no hubo un claro ganador. Probablemente, sin embargo, en estos últimos días las críticas sean dirigidas contra Humala, que es el único de todos los postulantes que cuestiona el modelo económico que en los últimos años ha generado una prosperidad económica nunca experimentada en el Perú. Humala tiene ideas similares a las de un ex dictador peruano, Juan Velasco (que gobernó el país en la década del setenta), y a las de Hugo Chávez, que podrían echar por la borda todo lo avanzado y causar la ruina política y económica del país.

A estas alturas resulta innegable señalar que Humala ha sabido aprovechar el descontento de un sector importante de la población, que no se ha beneficiado del crecimiento económico del país, por la manifiesta ineptiud del gobierno de Alan García, quien ha sido incapaz de ejecutar con eficiencia programas sociales de salud, vivienda, agua potable y educación, en beneficio de los más pobres. García se ha dedicado estos cinco años a hablar de los logros económicos alcanzados por la empresa privada en comercio exterior, minería, transporte, entre otros, pero no ha sido capaz de enrumbar el país al futuro, como lo hace un estadista. Prueba irrefutable de ello es que ahora el candidato con más opción es el que encarna todo lo contrario que ha realizado el actual presidente. No ha podido hacer lo que ha hecho Lula en Brasil o Uribe en Colombia.

El peor escenario para el país sería que la segunda vuelta electoral la definan Humala y Fujimori. Ambos candidatos, en caso de que ganen la presidencia de la República, generarían innestabilidad y división política en el Perú. Sus antecedentes autoritarios no garantizan la vigencia de un Estado de Derecho en el Perú. En el caso de Humala, éste propugna en programa económico estatista que ya se aplicó durante la dictadura del general Velasco Alvarado causando la ruina del país. Y el acceso de Keiko Fujimori al poder traería abajo la lucha contra la corrupción que con mucho empeño se realizó, y gracias a la cual se pudo sancionar a los responsables que violaron la ley durante el gobierno de su padre. Abre, además, la posibilidad del indulto en favor de su padre, Alberto Fujimori. Es decir, la impunidad heriría gravemente a la democracia peruana.

Paradójicamente el destino del país en esta elección -la más ajustada y nunca vista en nuestra historia republicana-, lo decidirán los electores más distantes, menos informados y acaso apáticos que aún no han definido su voto. Pero que representan, según casi todas las encuestas, alrededor del veinte por ciento del electorado. En sus manos estamos.

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