Opinión

España ante el rescate de Portugal y la subida de tipos

Viernes 08 de abril de 2011
Portugal no ha aguantado más. Ha acabado por plegarse a la creciente desconfianza que se cernía sobre su deuda y ha acudido a la Unión Europea y al Fondo Monetario Internacional para que rescaten su deuda. El calendario no jugaba a su favor. El Estado luso tiene que financiar 4.300 millones de euros en abril y otros 4.900 en junio, y con los tipos de su deuda por las nubes y creciendo, la situación se había hecho insostenible.

La popularidad del primer ministro Sócrates está por los suelos. Es cierto que estaba impulsando una política de ajuste forzado por las circunstancias, pero también lo es que su país no habría llegado a esta situación si previamente Sócrates no hubiese impulsado una irresponsable política de gasto. Tampoco ha hecho nada en estos años para atajar el principal problema de la economía portuguesa, que es la falta de competitividad. Cuando se puso a reformar, fue en contra de sus más íntimos instintos políticos y, sobre todo, fue demasiado tarde.

La oposición de centro derecha ha mostrado su apoyo al presidente Sócrates en un momento muy delicado, ya que ahora tiene que negociar los términos de la concesión de ayudas. Pero no se debe desconocer que fue la negativa de la oposición al cuarto plan de ajuste del gobierno lo que desató la alarma en los mercados y aceleró la intervención.

Este devenir crítico de nuestros vecinos nos toca muy de cerca, pero no tantísimo para que nos quememos. España no es Porugal y nuestra economía, más dinámica que la de nuestros socios ibéricos, tiene más resortes para sostener el grave problema de deuda que tenemos. Más preocupante es la subida de los tipos de interés que ha iniciado el Banco Central Europeo. Puede llegar a darse la paradoja de que este aumento de los tipos, que es señal de la tímida recuperación europea, se convierta en un problema para nuestra economía antes de que la ansiada recuperación nos llegue a nosotros también.

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