José Antonio Ruiz | Viernes 08 de abril de 2011
The Agony and the Ecstasy. Se abre el telón. Tañen campanas de funeral. Aquí huele a muerto (Álvaro Sáenz de Heredia, Martes y trece). Suena la Misa de Réquiem en re menor, K. 626 de Mozart. Sequentia lacrimosa. Luz cenital. Se escucha El Grito de Munch. Desbandada de faisanes. Cine de zombies. Halloween in April. En el centro del escenario aparece el cadáver de un difunto político (pongamos que no hablo del fiambre de Jackson sino del body circunflejo de Zetapé), requiescat in pace, ensartado como un pincho moruno (Arguiñano) en todo lo alto del catafalco antes de su inhumación, corpore insepulto. Haitian Vodou. Night of de Living Dead. Homenaje a Erasmo. Va por ti, querido José Luis Gutiérrez, aunque este humilde reconocimiento le joda a Mojamé. Chapeau!.
Voz en off: "En adelante dejará de hablarse de El escritor y sus fantasmas de Ernesto Sábato, el comunista renegado que dijo que el motor de la historia es el resentimiento, para elucubrar acerca de los espectros de Rajoy, pues la sede genovesa, casa encantada, decorado en cartón piedra made in Cinecittà de un revival parasicológico de serie B, cada día que pasa se parece más a The House of the Spirits de Isabel Allende".
Es tal el grado de convencimiento en el revolcón electoral a pesar del memorable "Te quiero un huevo" del inconmensurable Camps, que todos los mendas allí presentes, por temor a que un mal paso provoque una torcedura de tobillo y desencadene un efecto mariposa de consecuencias impredecibles que pudiera insuflar algo de vida al moribundo socialista, han tomado la determinación de abstenerse de cualesquiera pronunciamientos, no vaya a ser que se joda el chiringuito, ahora que sopla el viento de cola. San Mateo 25: 44-45, pecado de omisión.
Está el personal tan intimidado por el éxito inminente que está por venir, que hieráticos como los guerreros de terracota de Xian o mismamente como el espantapájaros de un cortijo andaluz, los muy cobardes han optado por aguantar hasta la respiración para no moverse, dejando que un tal Arriola, el hechicero de la tribu, el mismo cuya sobrevaloración nadie se explica, pues aunque no es cura, lo que dice va a misa, sea el único gurú que piense por los demás y cual perro lazarillo les conduzca a la Tierra Prometida aunque sea a tientas.
No va a ser este cronista quien se atreva a poner en duda las dotes para la telequinesis del oráculo de Delfos pepero, que empeñado parece estar en emular a la mismísima Clara Trueba. Pero encomendarse a un proveedor estratégico con carácter de exclusividad, por contrastada que sea su pericia como clarividente, entraña muchos riesgos, algunos innecesarios y evitables, razón por la cual cuesta entender el ejercicio de sadomasoquismo suicida con aero-rex.
Las supuestas capacidades de percepción extrasensorial del sociólogo de cabecera se van a poner a prueba cuando tenga que tomar la difícil decisión de consultar La Bola de Cristal de Alaska en busca de la respuesta a la pregunta que le ha formulado el pobre Mariano, que anda más desorientado espacial y temporalmente que un cosmonauta ruso de la Era Stalin en el despacho oval de la Casa Blanca:
- ¿Quién es mi interlocutor, abracadabra, ahora que José Luis está de cuerpo político presente?
No menos extraviados en el negociado de los fenómenos paranormales andan en la bancada socialista, que huérfana de líder y a falta de un nuevo flautista de Hamelín que pilote El Retorno previo paso por los desiertos lejanos, ha decidido, al grito de maricón el último, jalear como Presidente/a a todos los aspirantes que suben al estrado a soltarles el sermón de la montaña.
Es tan surrealista el storyboard de Ferraz, que en la casa común de la izquierda la marinería, embutida en el traje de comunión, y el cuerpo de oficiales, con la pechera del uniforme atiborrada con más estrellas que en el cielo, vive en un sin vivir debatiéndose entre el Pinto, pinto, gorgorito:
Los hay que dudan entre hacerse un tatuaje con la efigie (etiqueta del famoso anisete darwiniano) del “regeneracionista” Rubalcaba, el delfín adolescente con más pasado que la momia de Tutankamón, que al paso que va lleva camino de heredar a sus nietos; y otros que a punto están de decantarse por la apparatchik Carmina, que a su vez lleva varios días de karaoke en karaoke ensayando con su manager Miguel Barroso, marido y jefe de campaña (con lo que todo queda en casa), la letra del Que viva España de Manolo Escobar. ¡Lo que nos queda por ver! Que nadie descarte Eurovisión.
Pero los días pasan a la espera de que salte el tigre, la rana o la sorpresa, con el único aliciente del álbum de fotos familiar del clan chavista copando portadas (In the name of the father, and of the son, and of the holy spirity. Amen), mientras en la otra casa, la de tócame Roque, parecen haber decidido, pensando con la bragueta, lo que un retén de albañiles en plan macho alfa subidos a un andamio: tirar a dar a todo lo que transite con falda.
Si pasa lo que pasa es porque don Mariano tampoco ha leído El familismo amoral de Banfield, Cosa Nostra, por tener la fea costumbre de ser lector de un solo libro (la Oda a la indolencia del poeta inglés John Keats), y de un solo periódico (el diario Marca, BOE merengue), y porque únicamente parece tener oídos para el señor marido de doña Celia Villalobos, otra eminencia como estadista política.
En una de estas, como el ingenioso hidalgo don Quijote, MR acaba confundiendo a los molinos de viento del campo de Montiel con gigantes, y una vez absorto en su ensimismamiento, lo mismo le da por embestir contra ellos a lomos de Rocinante, encomendándose sólo a los dulces susurros freudianos de sus dos sirenas, Cospedal y Soraya, sin escuchar las advertencias de su escudero Sancho.
Da que pensar que el vicesecretario de Comunicación del PP, el redicho Esteban González Pons, incapaz de resolver el enigma de la esfinge socialista, acabe de confesar que en su partido van a tener serios problemas de interlocución ante la falta de un interlocutor en el PSOE.
Aun siendo un imaginar metafórico imposible, todas estas tribulaciones serían evitables si Mariano despidiera a Arriola y contratara como becario a Botín, en cuyo caso otro gallo le cantaría en lugar de exponerse a los picotazos de la gaviota. Pero me da a mí el espolón que el gallego, Medalla de oro del ciclismo español, no es lo que se dice un innovador con alma aventurera ni está por la labor de hacer experimentos a estas alturas de la película (para eso ya está Alfredo el químico), convencido de que puesto en la tesitura, es preferible que a uno le llamen de todo y nada bueno (soso, inodoro, incoloro e insípido), a que le pase lo que a Tippi Hedren, la suegra de Antonio Banderas, en Los pájaros de Alfred Hitchcock.
Mientras, los periodistas chupeteros del capullo marchito de la rosa se afanan en construir un mito llamado Zapatero, el Mártir de León, en el intento imposible de forjar una leyenda seráfica con los mimbres de un calamitoso político que ojalá tenga una vida inclusive más longeva que Matusalén, pero que no merece ni un contrato de aprendiz por horas vía ETT en el cementerio laboral de elefantes.
Sea como fuere, como en Biba la Banda de Ricardo Palacios, mientras afuera retruenan las bombas, los músicos están más preocupados por el concierto, osease, por los cálculos electorales, lo cual no tiene perdón posible, pues estando el país como está, hecho una mierda por culpa de los telepredicadores, de los comisionistas y de los fondos de reptiles, las aritméticas resultan cuando menos miserables y mezquinas. ¡Por el pleno empleo! ¡Manda cojones!
¡Qué poco necesitan las masas para dejarse arrastrar por cualquier vendedor de peines con vocación de cabrero! Al final va a ser verdad que cada sociedad tiene una clase política, judicial y periodística a la altura de sus irreprensibles miserias.
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