Lunes 11 de abril de 2011
Ayer lunes fue el día en que los partidos políticos catalanes valoraron los resultados de la consulta independentista celebrada el pasado domingo en Barcelona. La valoración principal debería de ser el bajísimo índice de participación, que apenas rebasó el 15 por ciento; señal inequívoca del escaso interés que el asunto despertaba. Y eso que el nacionalismo catalán se movilizó en bloque. Hasta ahora, era habitual que en este tipo de consultas ilegales se viese a gente del perfil de Joan Laporta o José Luis Carod-Rovira, por cuanto se significan con postulados eminentemente rupturistas. Pero el domingo, además, fue la plana mayor de CIU la que se retrató a conciencia en las urnas. Artur Mas, Oriol Pujol o Xavier Trías fueron algunos de los muchos dirigentes nacionalistas que apoyaron con su presencia un acto simbólico de desarraigo con España.
Sin embargo, CIU no ha mostrado ese mismo desarraigo durante las casi dos legislaturas que José Luis Rodríguez Zapatero lleva al frente del Gobierno en España. Antes al contrario, el Presidente ha podido sacar adelante gran parte de sus iniciativas gracias al apoyo de los nacionalistas catalanes, lo que hace que deban compartir una importante cuota de responsabilidad en la actual situación económica. En este sentido, llama poderosamente la atención que cuando CIU desbancó al tripartito de la Generalidad, puso como máxima prioridad romper con la crisis. En cambio el domingo lo que escenificaron fue una pantomima de ruptura con el resto de España, apenas secundada. Victimismo y demagogia no se antojan buenas recetas para sacar de la crisis a Cataluña. Más responsabilidad y menos hacer el ridículo.
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