Cultura

El "Hospitalillo" de Tarancón: el futuro incierto de un enclave sanitario de la Guerra Civil

un grupo de investigadores e historiadores firma un manifiesto contra su derribo

Martes 12 de abril de 2011
El Hospital Santa Emilia de la localidad conquense de Tarancón tiene un futuro incierto. Un proyecto local planea convertirlo en una residencia de ancianos para disgusto de historiadores e investigadores de la Guerra Civil que claman por su conservación. La razón de su desazón no es otra que la constancia de que este hospital sirvió para acoger a brigadistas internacionales heridos durante la contienda, incluidos los que participaron en la Batalla de Brunete. Esta es su historia.

La visita en marzo de un grupo de investigadores e historiadores españoles, irlandeses y británicos a Tarancón (Cuenca) marcó el comienzo de una iniciativa por conservar uno de los enclaves sanitarios de la Guerra Civil más importantes de la zona: el Hospital Santa Emilia que, de acuerdo con un anteproyecto, puede terminar transformándose en una residencia de ancianos.

Conocido como el “Hospitalillo”, sirvió como hospital de retaguardia para dar cobijo a los brigadistas internacionales heridos durante la contienda, incluidos los de la Batalla de Brunete. Construido entre los años 20 y 30, fue de uso civil hasta la Guerra Civil, cuando fue incautado, para volver a atender después a civiles. La carga histórica de este inmueble, que lleva abandonado tres años y medio, es, según los expertos, motivo suficiente para preservarlo como espacio cultural y no sólo asistencial, como así plantea la Fundación Lozano, propietaria del edificio.

Jardín del Hospital Santa Emilia. (Foto: Alan Warren, de Porta de la Historia)


Para defender esta postura, un grupo de estudiosos de la Guerra Civil e investigadores españoles e internacionales, entre los que se incluye el hispanista Paul Preston, ha dirigido dos cartas de repulsa a estos planes de remodelación al presidente de esta fundación, Raúl Amores Pérez quien, además, ostenta el cargo de alcalde de Tarancón.

La respuesta a sus misivas no ha sido halagüeña. La defiende su proyecto amparándose en la titularidad privada de la finca y en la “exageración” por parte de este grupo de historiadores de querer “magnificar” la función de este hospital durante la contienda. “Hacer de este edificio un estandarte de las Brigadas Internacionales durante la campaña bélica es querer hacer un símbolo sesgado de lo que ha sido”, dice esta fundación. Una opinión sobre la que difiere Ernesto Viñas, uno de los investigadores firmantes y experto en la Batalla de Brunete, quien afirma a este periódico que, dado que es el único hospital de Tarancón vinculado con la guerra que se encuentra en pie, su pervivencia es “fundamental” para conocer “la infraestructura hospitalaria republicana durante la guerra”.

Interior del Hospital Santa Emilia. (Foto: Alan Warren, de Porta de la Historia)


Con idea de limar asperezas, la Fundación Lozano ha propuesto que la nueva construcción respete la fachada original del “Hospitalillo”, algo que no convence a quienes no son partidarios de intervenir en el edificio; los mismos que proponen que, aunque el edificio se convierta en una residencia, parte de su espacio sea destinado a fines museísticos que hagan perdurar en la memoria la funcionalidad del hospital y que sirva, de esta manera, como reclamo turístico. “Estamos convencidos de que el carácter asistencial de la fundación y el de su proyecto no debería ser óbice para que se pueda conservar el inmueble en su totalidad o en una parte importante adoptándolo al nuevo uso previsto”, sostienen estos historiadores, quienes abogan por llegar a una “solución integradora” que conllevaría, según explican, la “conservación y recuperación del refugio antiaéreo –colindante con el hospital-, además de otros dos locales, que podrían utilizarse para uso cultural, con un coste moderado y sin ocupar espacio físico de la residencia”.

La conservación del edificio dependerá de si progresan las negociaciones entre este colectivo y la Fundación Lozano. Tanto Viñas como Máximo Molina Gutiérrez, de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica de Cuenca, se muestran esperanzados y sostienen que nada está cerrado. “Pedimos que las decisiones no sean excluyentes”, dice Molina Gutiérrez, quien afirma que continuarán insistiendo en su propósito, aunque para ello dejarán pasar las elecciones de mayo porque, según dice, no quieren que este tema “se convierta en un arma arrojadiza”.

Refugio antiaéreo conservado en el jardín del Hospital Santa Emilia de Tarancón (Foto: cortesía de Alan Warren de Porta de la Historia)


Preocupado por el progresivo abandono de otros enclaves de la Guerra Civil en la localidad conquense, Molina Gutiérrez cree que, a este paso, “no va a quedar nada en Tarancón”, ciudad que durante la contienda fue “frecuentemente bombardeada por la aviación franquista por estar ubicada en el nudo ferroviario y por la carretera de Valencia que pasaba por la ciudad”, según recuerda Viñas. Esta intensa actividad que vivió Tarancón aquellos años la ha llevado a acaparar la atención de los investigadores, quienes tratan de comprender cómo funcionó la red sanitaria de la zona, en la que tuvo un papel fundamental esta ciudad con, al menos, tres hospitales que acogieron a heridos de la Guerra Civil.

Conscientes, sin embargo, de la necesidad de que Tarancón cuente con una residencia, este colectivo aboga por un entendimiento que lleve a preservar los intereses históricos y sociales de la localidad con idea de potenciar el patrimonio histórico e integrar a esta localidad conquense en el mapa del turismo de escenarios bélicos o, incluso, apunta Viñas, como posible sede de un futuro Centro de Investigación de Sanidad de la Guerra Civil.

Fotografías: cortesía de Alan Warren de Porta de la Historia

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