Opinión

Periodismo macarra y de partido

José Antonio Ruiz | Viernes 15 de abril de 2011
Un día de estos, si nadie lo remedia -¡válgame Dios!-, vamos a tener un disgusto muy gordo. Está la profesión como para ir planteándose la posibilidad de dedicarse al wrestling, o a la lucha canaria, como el fornido ex fiscal general del Estado Eligio Hernández, o mismamente a la cría en cautividad del gusano de seda, el mismo que antes de salir del armario convertido en crisálida divina de la muerte, pasa por el estado catatónico previo de capullo. ¡Dices tú, mili!

Si frivolizo poniéndome deliberadamente más trágico que Melpómene, es porque últimamente los altercados entre periodistas alcahuetas están subiendo de politono desde que la telemierda se ha instalado también en las incontables tertulias de peluquería barriobajera y denigrante que pueblan la fauna ibérica televisiva, donde ante la falta de ideas, de conocimiento y de coeficiente mental, han proliferado los charlatanes indocumentados de la propaganda partidista, el chismorreo y la banalidad.

Están tan omnipresentes en todos los saraos los ignorantes energúmenos que hacen bandería de sus filias y fobias politiqueras y que en lugar de esgrimir argumentos vociferan como chonis berreantes fuera de sí, que raro es que todavía no hayamos sido testigos presenciales de un incidente lorquiano entre plumillas agarrados por la pechera con una mano y con la otra blandiendo una navaja trapera, aunque al paso que vamos el enganche está al caer.

Siendo como es preocupante el riesgo inminente de que algunos de estos compañeros en quienes por supuesto no me reconozco acaben tirándose de los pelos del moño y liándose a hostia limpia entre sí, en vivo y en directo -¡todo por el share!-, lo más grave, a mi anti-corporativista entender, no es la macarronización del oficio, sino la proliferación del periodismo de partido, militante, ideologizado y rastrero.

Por eso me entra la risa floja cuando escucho a algún preboste mediático presumiendo como un pavo real de dirigir un chiringuito donde todas las tertulias son pluralistas. ¿A qué le llaman pluralismo? ¿A tener en nómina a periodistas colaboradores de todos los partidos? (…) Eso no es ni pluralismo ni leches, sino perversión del lenguaje. La independencia, cuento chino, es otra cosa bien distinta.

Cuando San Francisco de Sales, patrón de la tropa muy a su pesar, escribió su Introducción a la vida devota, me temo que no lo hizo teniendo en mente a la clase periodística, casta miserable en sentido genérico, donde sin perjuicio de las muy heroicas excepciones, prospera lo peor de la peor calaña de gentuza imaginable.

Está la profesión –¡qué asco!- como para tomar el próximo avión en clase business y exiliarse en el Valle de Tari, perdido entre las montañas de Papúa Nueva Guinea, que dicen que es el lugar más remoto de la Tierra, o ya puestos, en la Meseta Tibetana, alejados de la Civilización antropófaga, sin tele, ni transistor, ni periódicos, ni Internet; para una vez allí, absortos en el recogimiento, entregarse a la oración por la salvación de las almas de tanto pecador de la pradera que anda suelto sin bozal ni collar pero con el carnet del partido en la boca.

Bien está, aunque no tenga ni un pase porque no es de recibo, que en el periodismo deportivo prosperen los tuercebotas que, emulando a los ultras, escriben o se expresan como forofos, tomando descarado partido por su equipo en un ejercicio infumable de hooliganismo ideológico que dinamita el principio de independencia a manos de la más impresentable de las parcialidades.

Lo que no tiene ni media verónica es que los haya, y sean mayoría, que abjuran de los cronistas borderline y se jactan de desmarcarse de sus compañeros de la prensa amarilla, cuando en realidad rivalizan con aquellos en falta de entendederas neuronales y en alardes de futilidad, siendo como son más acérrimos de unas siglas políticas que un marciano abducido por una secta.

A todo esto, estamos que nos salimos de cosmopolitas, pues a falta de una Sarah Palin que haga las veces de musa con gafas candidata a chica playboy, el tea party político-periodístico es ya una realidad en nuestro país. Es lo que tiene no privarse de ná.

Hace tan sólo unos días una periodista de Intereconomía que cubría un mitin del PSOE en Alcalá de Henares casi tuvo que salir por piernas la pobre, aun estando muy rica, porque una parte de los cenutrios allí presentes amagaron con comerse a la becaria y al cámara hacerle tragar el instrumento, al grito totalitario de ¡fascistas fuera!

El rebuzno se escuchaba cuando todavía resonaba en Fuencarral la enganchada que protagonizaron en La Noria telecinquera donde en otro tiempo reinaron las Mamachicho, Melchor Miralles y María Antonia Iglesias, que a cuenta del affaire de los comisionistas y apoderados chavistas, se dijeron de todo y nada bueno:

- No tienes una puta prueba –le recriminó nuestra Megan Fox catódica a «Malechor Miralles». El periodismo de investigación que tú haces es periodismo basura. Eres un falso mentiroso, manipulador e indecente.

Lo que no sé es como Melchor tuvo el aplomo de no arrearle un guantazo y a Maritoñi no le repitió el malandruco cardiaco. ¡Mira que le gustan las broncas! La mujer se toma el circo berlusconiano tan a pecho, que en uno de estos sofocones no vive para contarlo, como a punto estuvo en septiembre de 2009 cuando tuvo que ser hospitalizada después de una acalorada discusión con Sopena, que pena, otro que tal baila.

Meses después, sin escarmiento posible y a pesar de las recomendaciones médicas, presenciamos el “retonno” de María Antonia, que también ha tenido memorables enganchadas con Miguel Ángel Rodríguez (ella le llamó «machista cabrón» y él la llamó a ella «imbécil»), con Isabel Durán, Pilar Rahola, Rosa Díez y Pedro Ruiz:

- Eres un sinvergüenza y un fascista –le piropeó ella.
- ¿Es puta o no, usted? –le preguntó él. Y ella, toda ofendida, abandonó el plató acordándose de todo el árbol genealógico de Pedro Ruiz.

Y en estas que Intereconomía, donde están «Orgullosos de ser de derechas» -¡con un par! ¿Por qué no fundan un partido en lugar de un emporio mediático?- le declaraba la guerra a TV3, el BOE del oasis catalán, después de que la terminal audiovisual de propaganda de la Generalitat emitiese un vídeo en el que unos niños de 3º de la E.S.O. confesaban ser incondicionales de la cadena, de Federico Jiménez Losantos y de La Gaceta.

Y en estas que en medio de tanta bronca, Janli Cebrián, presidente de El País, consumaba la traición a los herederos de don Jesús, haciendo desaparecer el apellido Polanco de la mancha de El País, que está a punto de despolanquizarse del todo por obra y gracia del desembarco del fondo Liberty, que ha tomado el trasatlántico prisaico al abordaje para quedarse con los restos del naufragio y después colocárselo, pongamos por caso, al jefe de Felipe, el multimillonario Slim.

Por contradictorio que pudiera parecer, ahora que supuestamente tenemos libertad, no hacemos uso de ella. Es tal el grado de mamoneo existente entre la clase política y la periodística, que raro es el caso de algún profesional de la comunicación que no “cojea” de alguna de las tres piernas: la zurda, la diestra o la pierna fláccida del centro.

Alcanza tales cotas de desvergüenza el grado de compadreo entre periodistas militantes y políticos figurantes (en su inmensa mayoría incapaces intelectuales los unos y los otros), que la cuadra se parece más, cada día que pasa, a un inmenso catre donde todos retozan juntos y revueltos, aunque la singular orgía guarde muchas más afinidades estéticas con un puticlub casposo y soez iluminando la noche viciosa de cualquier carretera nacional tardo-franquista, que con un prostíbulo veneciano de los tiempos de Lord Byron.

La designación de Oliart como presidente de RTVE, pongamos por caso, se presta a infinidad de lecturas satíricas y lacerantes que no vienen al caso, ya que debiera haber sido inhabilitado de antemano para el cargo por no tener ni puta idea de lo que se lleva entre manos. Pero da que pensar que fuera la única salida que le quedó a ZP a la vista de que todos los candidatos con aspiraciones a la trona estaban “marcados”.

Es tal el grado de degeneración que ha alcanzado la profesión periodística en España, que gobierno y oposición se permiten la desfachatez de mantener en Prado del Rey a un entrañable jubilado ignorante de los Media, argumentando (previa apelación al recurrente eufemismo del “hombre de consenso”) que por mucho que rebuscan no encuentran un periodista independiente y además capaz.

Lo más desolador de tan surrealista elección es que puede que a Zapatero y a Rajoy les asista la razón a la hora de esgrimir como aval el señuelo de la imparcialidad geriátrica. Y cierto es que ahora que me pongo a pensar, hay que echarle imaginación (y un par de huevos de Pascua, señor Trillo, no me toque la Oreja) para encontrar un propagandista en nuestro país que no esté “marcado” en lo alto del lomo por el hierro candente de alguna ganadería política, ovina, bovina, caprina o porcina.

Sólo queda claudicar a la evidencia y aplaudir el buen hacer de los brujos visitadores de Moncloa, al tiempo que reconocer como un axioma incuestionable que hoy por hoy son más los comisarios políticos que ejercen de libelistas, que los auténticos informadores que se limitan a hacer su trabajo.

Las «moscas cojoneras rebeldes» de las que habla Víctor de la Serna, refiriéndose a los periodistas honrados que se limitan a cumplir con su cometido teniendo la “verdad” como la única servidumbre aceptable, no tienen nada que hacer con un esquema de valores donde, con la imagen de fondo de un tal Troitiño brindando en el balcón de su casa, sólo promocionan, salvo excepciones que ahora no me vienen en mente, “cortesanos” medradores como los que retrata Erasmo en su «Elogio de la locura», dotados de una innegable pericia a la hora de adular a su señor.

Querido Luis Fernández, llévame contigo a Miami que te invito a un cubalibre, porque en algunos aspectos este país se está pareciendo cada vez más a la Cuba de Castro. Y tú, querido José María (García), por lo que más quieras ¡Vuelve!

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