Opinión

¿Soplan vientos de cambio en Cuba?

Miércoles 20 de abril de 2011
Este martes concluyó el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, el primero que se tiene lugar tras una larga pausa, por no decir silencio, de 14 años. Mil delegados del politburó cubano se unieron a Raúl Castro para someter a debate las reformas económicas que el hermano Fidel lleva instando desde hace poco más de un año. Un evento sin precedente en la historia del país caribeño que hasta no hace mucho, la sola mención de una palabra sinónimo de “cambio” ponía a temblar la ya envejecida cúpula política del régimen de La Habana.

Desde que el líder de la Revolución le cedió el testigo hace cinco años a su hermano menor, vientos de cambio comenzaron a soplar en la Isla, ya que el propio Raúl ha sido el primero en reconocer que hay que actualizar a una Cuba que se ha resistido a superar el colapso de la Unión Soviética y el fin de la “Guerra Fría”. La crisis económica que ha afectado al país en las últimas dos décadas, sumado a su deterioro institucional representado en la parábola de la longevidad de sus líderes, ha hecho que el “pequeño” de los Castro tome el incómodo paso de hablar de reformas.

Más que los integrantes del PCC, son los cubanos los que se encuentran realmente expectantes ante lo que se ha venido cociendo estos días en el inédito congreso que coincidió con el 50ª aniversario de la Invasión de Bahía de Cochinos o la Batalla de Playa Girón, y quienes se muestran críticos frente al debate nacional. Si bien los ciudadanos han aplaudido el paso adelante que ha dado el Gobierno, no por ello ocultan su malestar de que tal iniciativa tuviera lugar en un momento tardío, imposibilitando por mucho tiempo, la irrupción de una nueva y joven generación de líderes que refresquen la visión política del país.

Esta agridulce sensación de esperanza, se diluye con el escepticismo de la oposición que teme que tales reformas sean un disfraz de un autoritarismo endémico que se niega abrirse realmente a los cambios que demanda el actual orden mundial. Esperemos que tal predicción no se cumpla como otras veces y que esta reforma sea un movimiento audaz capaz de materializarse en otros cambios, dando paso a una nueva época para Cuba, que conlleve a la jubilación definitiva de un sistema que no tiene vigencia, sentido ni razón en la América Latina del siglo XXI y que no ha producido más que miseria, dolor y silencio.

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