Opinión

Francia ensalza y protege la fiesta de los toros

Domingo 24 de abril de 2011
Por fin las corridas de toros están donde merecen: formando parte del patrimonio cultural inmaterial de un país europeo. Curiosamente, no se trata de España sino de Francia. El gobierno de Nicolas Sarkozy ha sabido reconocer el enorme legado de la tauromaquia, tildándola de “espectáculo vivo” y “aspecto significativo de la historia”. Claro que en Francia no hay un nacionalismo totalitario y obtuso como aquí. Un nacionalismo al que debía molestar el calificativo de “fiesta nacional”, razón única por la cual consiguió que se prohibieran las corridas de toros en Cataluña. No así los correbous ni otros acontecimientos semejantes ya que, al tratarse de hechos eminentemente catalanes, no había problema de conciencia animal que valiese.

Hemingway, Picasso y Ortega y Gasset fueron grandes conocedores de la fiesta. A ellos se refirió Tristan Garel-Jones –antiguo Secretario de Estado británico- cuando le cuestionaron las corridas de toros. Vino a decir que si personas con semejante fuste humano e intelectual tenían tan buena sintonía con los toros, algo querría decir. Se trata de una herencia cultural sin parangón, la cual puede libremente aceptarse o no. Prohibirla es un ejercicio de sectarismo e ignorancia a partes iguales. Protegerla es mantener vivo un importante patrimonio de todos. Nacionalistas incluidos.

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