Martes 26 de abril de 2011
El calculado goteo de filtraciones de WikiLeaks es el culpable de que la Casa Blanca viva en un estado permanente de tensión, a la espera de saber qué nuevo escándalo se publicará. En esta ocasión, las revelaciones apuntan a algo tan grave como que una gran parte de los detenidos en Guantánamo “no suponen una amenaza probable”. Dicho de otro modo, son inocentes. De hecho, se acota en un 22 por ciento el porcentaje de reos a los que podría “extraérsele” información útil.
Así las cosas, es lógico que Washington proteste contra estas filtraciones, aunque lo grave no es tanto su publicación como su contenido. Y, sobre todo, su idea que es impresentable, desde el punto de vista de un estado de derecho. Posiblemente, si por Obama fuera, Guantánamo ya estaría desmantelado hace mucho tiempo. Ocurre que el limbo jurídico en que se ha convertido el campo de detención situado en la base norteamericana es muy complicado de abordar. La diplomacia norteamericana ha hecho gestiones en medio mundo para ver quién puede acoger a algunos presos de allí. Ahora lo suyo sería ir “recolocando” al resto y, si algunos de ellos son realmente culpables de terrorismo, que se les juzgue con todas la garantías legales. Las mismas que justificaron intervenir en Irak y Afganistán; hay que recordar que Estados Unidos fue allí no sólo a combatir el terrorismo internacional sino también para, supuestamente, defender una serie de valores que a diario se pisotean en Guantánamo. Lo cual, amen de inadmisible, resta autoridad moral a cualquier tipo de actuación en pro de unos derechos permanentemente vulnerados.
De acuerdo a los documentos oficiales filtrados por Wikileaks, en la prisión de Guatánamo, Estados Unidos "creó un sistema policial y penal sin garantías en el que solo importaban dos cuestiones: cuánta información se obtendría de los presos, aunque fueran inocentes, y si podían ser peligrosos en el futuro", añade el periódico en su página en internet.
El País señala que ha tenido acceso junto con otros medios internacionales, a través de Wikileaks, "a las fichas militares secretas de 759 de los 779 presos que han pasado por la prisión, de los cuales unos 170 siguen recluidos". Según el diario, los documentos revelan que el principal propósito de la prisión era "explotar" toda la información de los reclusos a pesar de la reconocida inocencia de muchos de ellos. El 60% fue conducido a la base militar sin ser una amenaza "probable", afirma el periódico en su edición digital.
El País subraya que "ancianos con demencia senil, adolescentes, enfermos psiquiátricos graves y maestros de escuela o granjeros sin ningún vínculo con la yihad fueron conducidos al presidio y mezclados con verdaderos terroristas como los responsables del 11-S". Los informes están fechados entre 2002 y 2009 y en ellos se revela el sistema que seguía EEUU para valorar a los presos, de tal manera que determinase si el recluso debía quedar libre, ser trasladado a otro país o continuar en la cárcel creada por el ex-Presidente George W. Bush en 2002 en la isla de Cuba.
Ese sistema establece tres niveles de riesgo: el más alto, cuando la persona "probablemente" supone "una amenaza para EEUU, sus intereses y aliados"; el medio, relativo a que "quizá" lo suponga; y el más bajo, aquel en el que aparecen los presos que han estado ocho o nueve años en Guantánamo y cuyo riesgo es "improbable" para la seguridad del país. "EEUU determinó que 83 presos no suponían ningún riesgo para la seguridad de la nación, y de otros 77 se reconoce que es 'improbable' que sean una amenaza para el país o sus aliados", señala el diario.
Sobre aquellos que "quizá" podrían suponer un peligro para la seguridad del país, los documentos revelan que "Estados Unidos no ha creído seriamente en la culpabilidad o amenaza de casi el 60 por ciento de sus prisioneros". En este sentido, agrega el diario, que el principal objetivo de la cárcel era "explotar" toda la información que pudieran ofrecer los detenidos aún sabiendo que muchas de ellos eran inocentes.Y ofrece un dato relativo a ello al afirmar que tan solo siete reclusos han sido juzgados y condenados hasta el momento, de los 779 que han pasado por Guantánamo. "La prisión funciona como una inmensa comisaría de policía sin límite de estancia y en la que la duración del castigo no es proporcional al supuesto hecho cometido", indica El País. Aunque solo el 22 por ciento de los presos, agrega el diario, han aportado información para los servicios de inteligencia frente al 78 por ciento restante, cuyo valor informativo era medio o bajo, según han reconocido los propios militares en los documentos difundidos por WikiLeaks.
Cuando WikiLeaks anunció que tenía en su poder evidencias de excesos cometidos por el ejército norteamericano en Irak y Afganistán, se produjo una auténtica conmoción. La imagen de Estados Unidos sufría un tremendo varapalo, habida cuenta de lo revelado por la página web. Entonces, muchos fueron los que defendieron no sólo la legitimidad de la información, sino la necesidad de que se vigile al vigilante. Era, en suma, un aviso a navegantes; en el pasado podían encubrirse determinados excesos, pero no hoy, con las nuevas tecnologías de la información. Y bien está que los gobiernos extremen el celo en lo que se refiere a respeto de los derechos humanos, a sabiendas de que cualquier incorrección puede ser revelada a las primeras de cambio.
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