Nacional

Los insultos y amenazas de Gibraltar a la Guardia Civil se repiten desde la visita de Moratinos en 2009

Los incidentes en aguas cercanas al Peñón colman la paciencia del Cuerpo

Jueves 28 de abril de 2011


El pasado fin de semana, una patrullera de la Guardia Civil fue interceptada por fuerzas gibraltareñas en aguas próximas al Peñón, a 3,7 kilómetros de la costa, cuando seguía a una embarcación de presuntos narcotraficantes procedente de Marruecos. Los agentes españoles acabaron regresando al puerto de Algeciras. Pero aquí no termina la historia. De hecho, comenzó mucho antes de lo narrado.

Agentes españoles y gibraltareños compartían mesa para comer con naturalidad, estaban en permanente contacto e incluso intercambiaban el número de sus móviles personales hasta hace alrededor de dos años. Juan Antonio Delgado, portavoz de la Asociación Unificada de Guardias Civiles, no encuentra explicación al fin de una relación "casi familiar, de buenos vecinos" y el comienzo de hostilidades desde el Peñón, aunque imagina que "son temas políticos". José Ignacio Landaluce, diputado del Partido Popular por Cádiz, halla el origen en la visita en 2009 del entonces ministro de Exteriores, Miguel Ángel Moratinos, a Gibraltar, donde se reunió con su homólogo David Miliband y con el ministro principal Peter Caruana.

En el contado último incidente, el enésimo, miembros de la Royal Gibraltar Police (RGP) llamaron "narcotraficantes" y "ladrones" a los españoles, además de amenazarlos con un "os vamos a detener" en un permanente tono de desprecio y superioridad al que acompañan hechos como que sus embarcaciones pasaran sobre el cabo amarrado de la Guardia Civil o golpes en los costados de las naves. Apunta Landaluce que en esta ocasión no estuvo implicada la Royal Navy, que ha desarrollado prácticas como apuntar a una bandera española con un cañón, entre otras "artes" de intimidación a guardias civiles.

Inmediatamente sabidos todos los datos, la Dirección General de la Policía y la Guardia Civil remitió un informe al Ministerio de Asuntos Exteriores. Francisco Javier Velázquez, responsable de este organismo, reconoció que se suceden una decena de hechos similares al año en la Bahía de Algeciras. Velázquez tildó de "locales" los episodios y los justificó en la falta de una delimitación clara de las fronteras marítimas de Gibraltar, en litigio desde el Tratado de Utrech. En respuesta a esto, Exteriores anunció que pidió explicaciones a Reino Unido en un tibio comunicado que se limitaba a señalar que el Gobierno emplearía "los canales diplomáticos habituales". El resultado, una disculpa gibraltareña en la que califica de "inaceptable y lamentable" el incidente, a la vez que argumenta la actuación de la RGP en que "no hubo una notificación previa de la persecución" a los narcotraficantes, lo que condujo, según las autoridades vecinas, a "un acalorado encuentro entre ambas tripulaciones, durante el cual las embarcaciones entraron en contacto".



El efecto Moratinos
Landaluce cree que el Ejecutivo español "ha hecho el ridículo más espantoso" y que se "achanta" ante las amenazas. Data la visita de Moratinos a Gibraltar, en verano de 2009, como el comienzo de un proceso sin retorno. Aunque el diputado no subraya tanto la visita como los términos en que tuvo lugar. Concretamente, critica que Moratinos viajara como ministro plenipotenciario y otorgara calidad de país soberano a los vecinos, "metedura de pata inmensa" que el 'popular' achaca a las “veleidades” de Rodríguez Zapatero.

La propuesta del diputado es respetar Utrech, dejar de hacer la vista gorda en encuentros bilaterales o a tres e impedir que Gibraltar siga expandiéndose, como viene ocurriendo en los últimos tiempos. Landaluce destaca por último que a la ministra Jiménez "no le gusta hablar del tema", hecho que dificulta conocer el plan de acción del Ejecutivo y que descoloca a los afectados.

Entretanto, los servicios jurídicos de la AUGC continúan redactando la denuncia contra los responsables del incidente con "pruebas contundentes". El portavoz de esta asociación no cree que el Gobierno se haya quedado de brazos cruzados, pero matiza que sólo "convencerá" a la Guardia Civil "cuando esto no vuelva a suceder".

Un vistazo al calendario de incidentes hace ver que éste no será el último, son ya rutina. La denuncia pretende frenar la actitud de la policía gibraltareña, que actúa con total seguridad, según Delgado, por órdenes de arriba, desde instancias políticas. Desde aquella visita de Moratinos, señala esta vez Landaluce, las autoridades del Peñón se crecieron al entender que España bajó los brazos en la pugna por el territorio para tender la mano en señal de amistad. Sin embargo, una amistad consolidada, la de los agentes de uno y otro lado del charco que separa Algeciras de Gibraltar, selló su punto y final. Falta por ver si también hay punto y final en las vejaciones tras los pasos jurídicos de la Guardia Civil. Exteriores no ha logrado frenar la hostilidad con "los canales diplomáticos habituales".

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