reseña
Domingo 01 de mayo de 2011
Emilio Arnao: Umbral o el contradiós. Rilke. Madrid, 2011. 250 páginas. 17 €
Emilio Arnao es un autor mallorquín, fan irredento de Francisco Umbral. Muchos lo somos, pero son pocos los que se atreven a escribir un ensayo desmenuzando el personaje y su escritura. Éste es el propósito del libro: homenajear al gran escritor en un libro que se divide en dos partes que, en realidad, no atienden a temas diferenciados porque el único tema que se trata es Umbral.
Insisto en que aquellos a quienes les guste y hayan leído al célebre columnista con atención a lo largo del tiempo se reencontrarán con citas, maneras de hablar, con giros “a la
maniera” de Umbral. También Arnao parece haber hecho de la estética la primera causa, aunque no es tan fácil crear un estilo y a ratos pareciera que, de tanto querer a Umbral, se le ha pegado la manera de escribir (“Quizá nos hubiéramos arreglado con un poco menos de lirismo”). La lectura del ensayo recuerda todos los “momentos estelares” del escritor: la definición de columna (“…deslumbrante, cegadora, sueño sobre el cual uno debe inclinarse después de haber muerto, la palabra en el artículo debe mantener la intención del juego surreal” –pág. 165–); el sentido de la vida (“Nuestra vida es un zurcido de días dispersos, un harapo de tiempo cosido a otro harapo” –pág. 196–); los maestros Cela y González-Ruano… Por lo demás, todos los grandes temas de Umbral están presentes: Baudelaire y sus citas (“Hay que ser sublime sin interrupción…”); la literatura como magia, no como pedagogía; la atribución de citas ingeniosas como aquella de Sánchez Mazas a Mourlane Michelena: “Con el esfuerzo que ha realizado por fingir una cultura, podía haberse hecho una cultura de verdad”. Es el repaso a sus mejores momentos y libros, por parte de alguien que lo admiraba profundamente y que se lamenta de no haberlo podido tratar más. En definitiva, que lo echa en falta, como nos sucede a muchos que lo leíamos a diario.
Arnao es escritor curtido y el libro se entiende perfectamente. Solo cabe señalar en su debe la presencia de algún que otro leísmo, y añadiría que la edición de Rilke, en páginas blancas sin apenas márgenes, no es demasiado atractiva para el lector. Obras como esta, sin embargo, y la futura labor de
la Fundación que se ha creado en Valladolid en memoria de Francisco Umbral, ayudarán a que no se nos olvide su figura; y a que otros, al descubrirla, se queden perplejos de metáforas…
Por Mayte Ortega