Rafael Sánchez Mantero | Martes 03 de mayo de 2011
El Teatro de la Maestranza y la Real Orquesta Sinfónica de Sevilla que tiene su sede en él, acaban de cumplir sus primeros veinte años de existencia y la efeméride se ha celebrado con toda solemnidad. Su Director artístico Pedro Halffter ha dirigido un concierto extraordinario que se ha visto acompañado por el entusiasmo y el apoyo de un público que se siente ya identificado con “su” teatro y con “su” orquesta.
En la ciudad de Sevilla hay actualmente dos Maestranzas. “La Maestranza” es el famoso coso taurino, cuya denominación se refiere a la Real Maestranza de Caballería, aquella corporación nobiliaria creada en el siglo XVII, que es su propietaria y donde se celebran sus famosas corridas de toros. Pero existe ahora también “El Maestranza”, un Teatro construido para la Exposición Universal de 1992 y que se erigió en los antiguos terrenos de la Maestranza de Artillería, situados también a orillas del Guadalquivir.
Sin duda, “El Maestranza” y la ROSS han sido el legado más importante que la Expo ha dejado en Sevilla desde el punto de vista cultural. En una ciudad que siempre se ha distinguido por el carácter efímero de muchas de sus iniciativas, la de este importante proyecto a lo largo de dos décadas resulta, cuando menos, insólita y refleja la fidelidad y el fervor con los que la afición musical lo ha respaldado desde sus inicios. Sobre el escenario y en el foso del Maestranza han desfilado a lo largo de estos veinte años las figuras más destacadas de la música universal y las voces más sobresalientes del mundo de la lírica: desde Rostropovich hasta Claudio Abbado, desde la orquesta Filarmónica de Berlín hasta la producción completa de una Opera del Met de Nueva York con James Levine al frente. Voces como la de los inolvidables Luciano Pavarotti y Alfredo Kraus; las de Mirella Freni, Plácido Domingo o Waltraud Meier, y un sin fin de estrellas del firmamento operístico han formado parte de la programación del teatro desde su inauguración en 1991.
Los tiempos que corren no son muy propicios para que las manifestaciones culturales como las que desarrolla un teatro como el Maestranza sevillano puedan encontrar el apoyo suficiente de instituciones y entidades para que se mantengan los niveles de exigencia y de calidad que demandan los buenos, y cada vez más numerosos, aficionados a la música. Sin embargo, los éxitos logrados en estos veinte años deben de ser un estímulo para consolidar el nivel alcanzado y mantener una programación de primera calidad para los años venideros.
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