Opinión

¿Se cuela ETA en las elecciones?

Viernes 06 de mayo de 2011
Finalmente, Bildu podrá concurrir a las próximas elecciones. Poco importa el estrecho margen que ha decantado el sentido final del voto de los magistrados; lo único cierto es que, de algún modo, parte del brazo político de ETA volverá a activarse en las instituciones vascas. Están de enhorabuena los nacionalistas, fervientes defensores de la presencia de los pro-etarras en la vida pública. También un nutrido sector de la izquierda mediática y política, entre los que destacan socialistas como Jesús Eguiguren o Eduardo Madina -quien hace pocos días ya vaticinaba una sentencia “agradable”. Y José Luis Rodríguez Zapatero, quien ve así cómo el PNV puede volver a apoyarle sin tapujo alguno. Pero no lo están las familias de todas las víctimas de ETA que habrán de asistir al espectáculo de ver cómo los cooperadores necesarios del terrorismo, o al menos parte de ellos, estarán presentes en las instituciones…y en las subvenciones. Así las cosas, está por ver la repercusión que este hecho tendrá en la lucha anti-terrorista y –valga la redundancia- en la unión de los dos grandes partidos en lo que hace a dicha política.

Desde un punto de vista jurídico, la sentencia no era fácil. Hay evidencia de que Bildu era un movimiento táctico de ETA y que una parte de sus listas estaban contaminadas. Por otro lado, la trampa jurídica estaba bien armada: en la coalición formaban grupos perfectamente legales. Dicho lo cual, y con independencia del contenido de la resolución judicial, ha vuelto a quedar en cuestión la contaminación política de uno de los principales garantes del funcionamiento del estado de derecho, cual es el Tribunal Constitucional. El hecho de que a la mayor parte de sus miembros deban elegirlos Congreso y Senado -tal y como dispone el artículo 159 de la Carta Magna- tiene su razón de ser. Ocurre que lo que tendría que ser un ejercicio de responsabilidad institucional entre los dos principales partidos políticos se ha convertido en una suerte de mercado persa donde unos y otros pugnan por ver quién coloca mejor a sus candidatos. Candidatos que han sido los primeros en prestarse a semejante despropósito, cuyo punto álgido tuvo lugar con el bochornoso espectáculo de la sentencia del Estatut. A partir de ahí, ni a unos ni a otros les es fácil exigir que se disipe la sombra de descrédito que pesa sobre todos ellos. Saliese lo que saliese ayer, era indudable que iba a estar teñido de un sesgo político indudable. Y eso es lamentable y profundamente disfuncional para el funcionamiento del sistema.

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