Economía

Los expertos reclaman medidas para fomentar el ahorro

política fiscal

Domingo 08 de mayo de 2011
Si hay algo que ha puesto de manifiesto la crisis económica es la importancia del ahorro. Los expertos consideran que se deben tomar medidas para fomentar esta práctica en las familias en lugar del excesivo endeudamiento contraído durante el periodo anterior.

“La próxima expansión debe estar basada en el ahorro interno, se necesita un marco atractivo”, afirma en declaraciones a El Imparcial el responsable del servicios de estudios de Bolsas y Mercados Españoles, Domingo García Coto, que ha coordinado el estudio “Ahorro Familiar en España” de la Federación de Estudios Financieros (FEF), que ha contado con numerosos expertos de las mayores empresas españolas. “El ahorro de las familias debe estar protegido fiscalmente”, añade.

Fernando Navarrete, director de Economía y Políticas Públicas de FAES, está de acuerdo en la denuncia de las subidas de impuestos a los rendimientos del ahorro. Y va más allá al afirmar que existe una “doble fiscalidad” sobre el ahorro. Explica a este diario que el Gobierno carga impuestos dos veces: una cuando se gana ese dinero y la otra, cuando se cobran los rendimientos que ofrece a través de los diferentes productos financieros.

A juicio de Navarrete esto es transmitir el mensaje de “no ahorre, gásteselo”, ya que “lo que se ahorra se grava dos veces; lo que se ahorra, una”.

Movimiento de péndulo
El incremento del ahorro en España desde que comenzó la crisis ha sido espectacular. El director ejecutivo del European Saving Institute (ESI), citado en el estudio “Ahorro Familiar en España” afirma que hasta la crisis financiera, “España fue el país con la tasa de ahorro familiar más baja de los países de la zona euro”. Así, la tasa de lo que se guardaba para la hucha era del 10,7% de la renta bruta disponible en 2007, de cuatro a seis puntos porcentuales por debajo de Alemania, Francia o Italia.

Pero con la crisis se produjo un vuelco. El ahorro familiar se situó en la zona próxima al 15%, repuntando hasta el 18,1% en 2009, “con lo que pasó a convertirse en la más alta entre los principales países del euro, para moderarse hasta cotas próximas al 15% en 2010”, según el estudio de FEF.

Este cambio radical se debió principalmente al miedo: “Entre 200 y 2007, las familias se sentían bien, la renta aumentaba, pero se producía un ahorro bajo con respecto a los estándares de la renta disponible”, afirma García Coto. “Pero la crisis trajo la incertidumbre y el miedo”, explica a este diario, “y se aumentó el ahorro en parte por precaución y en parte para cubrir el deterioro del patrimonio inmobiliario”.

¿El fin del reinado de los depósitos?
En los últimos años de crisis, uno de los productos estrella a los que iban destinados los ahorros han sido los depósitos, debido a las necesidades de la entidades financieras, que ofrecían rentabilidades de hasta el 7%.

Así, durante el periodo de ‘vacas gordas’ se produjo una aceleración del crédito gracias a los tipos de interés bajos, lo que permitía a los bancos y cajas financiarse con facilidad. En 2008, sin embargo, el signo cambió drásticamente y el mercado interbancario, donde las entidades tomaban parte del dinero que utilizaban para conceder los créditos, se cerró. La solución consistió en ir a buscar el dinero con el modelo bancario tradicional, es decir, mediante depósitos. La necesidad hizo que las entidades ofrecieran rentabilidades cada vez más altas por el dinero de los ahorradores en lo que ha venido en llamarse “la guerra del pasivo”.

“No se ha firmado la paz absoluta”, afirmó el consejero delegado del Banco Santander, Alfredo Sáenz, en la presentación de resultados de la entidad, la semana pasada, pero “se puede dar por finalizada la guerra del pasivo”, sentenció.

En este sentido, la propuesta del Ministerio de Economía de controlar las remuneraciones de los depósitos puede terminar con su supremacía de los últimos años. “Sin duda, a medida que las entidaes vuelvan a dar rentabilidades razonables, en lugar de las excepcionales de estos momentos, que hacen peligrar su salud financiera, las familias diversificarán sus opciones para invertir sus ahorros”, afirma el analista de BME García Coto. “Buscarán otro tipo de activos, sean acciones, renta fija o pensiones privadas”, añade. Durante el anterior periodo de expansión, la mayor parte de la hucha familiar estuvo destinada a la vivienda, explica García Coto, pero este activo ha perdido el atractivo del que gozó en los últimos años.

Más regulación
La propuesta de Economía consiste en que aquellas entidades que entren en la guerra del pasivo aporten dinero extra al Fondo de Garantía de Depósitos, pero todavía no se conocen los detalles. De esta manera, los balances de los bancos y cajas respirarán al no tener que verse obligados a subir las rentabilidades para captar el dinero, pero los ahorradores no podrán beneficiarse de esas altas remuneraciones por su dinero.

Desde la Asociación de Usuarios de Bancos Cajas y Seguros, Adicae, se muestran más preocupados por una mayor transparencia que por la rentabilidad. Su coordinador, Antonio Pulido, en conversación con este diario, afirma que debe haber una “información clara y veraz sobre su remuneración y su seguridad”.

Un país en vilo
Pero además e la importancia en cada hogar, el ahorro es una pieza esencial en el puzle macroeconómico. Así lo ha puesto de manifiesto la crisis de deuda soberana. Como explica Fernando Navarrete, en la hostilidad de los mercados hacia ciertos países como Grecia, Irlanda, Portugal o España, no sólo influye el nivel de deuda soberana, sino también su ahorro interno. “Belgica está muy endeudada, pero no está en los titulares”, afirma, mientras que en Japón “la deuda pública llega a ser dos veces el PIB”. Sin embargo, las fuertes tasas de ahorro de estos países les blindan ante subidas drásticas de su prima de riesgo.

En estos momentos, la prima de riesgo española está por encima de los 200 puntos básicos debido a que todavía no se han despejado las dudas sobre los países periféricos del euro. Esta semana se ha aprobado el rescate a Portugal por valor de 78.000 millones de euros, que incluye duros recortes a su economía. Mientras tanto, las especulaciones sobre una reestructuración de la deuda griega todavía pesan en los mercados.

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