Opinión

St. J. Pied de Port: Cosmopolita y medieval

Isabel Sagüés | Viernes 28 de marzo de 2008
Cuando la niebla cubre los frondosos bosques y la oscuridad ennegrece las rocas de las laderas, en el puerto de Ibañeta todavía resuena el Olifante. Han pasado doce siglos, pero el aroma de la tragedia, el eco de la gesta acompaña a los peregrinos que caminan hacía Compostela. El cuerno de Roldan, el de la Chanson, el héroe por antonomasia, el fiel servidor hasta la muerte del emperador, el de la “barba florida”, todavía guía a quienes atraviesan el puerto que va desde la frontera francesa hasta Roncesvalles.


Dicen que todos los caminos conducen a Roma. En la Europa medieval, todos llevaban a Compostela. La tumba de Santiago era el talismán que alimentaba la ruta por la que transitaba el principal itinerario religioso del mundo occidental. Los cristianos europeos acudían a través de las tres grandes vías jacobeas que atravesaban Francia. Las tres llegaban a Ostabat, un pequeño enclave en el que se unían los peregrinos para afrontar juntos el duro reto de cruzar los Pirineos. En su camino al confín gallego, frente a la dulce tierra franca, se tropezaban con una montaña áspera y escarpada, y un valle estrecho y abrupto en el que acechaban fieras y ladrones, y al que la nieve y la niebla convertían en un imposible durante el invierno.


Esta etapa -hay que salvar casi 1000 metros de altitud en menos de 15 kilómetros- está considerada como la más ardua de todo el camino y también la más hermosa porque transcurre en medio de una vegetación exuberante entre bosques de hayas, robles de hojas anchas, castaños, fresnos y alisos. En estos parajes tuvo lugar el año 778 la mítica batalla en la que las tropas de Carlomagno dirigidas por Roldán, uno de los doce pares de Francia, fueron derrotadas por vascones, o, según otras versiones, por moros.


Como antesala a tanta historia y leyenda, al píe de los collados pirenaicos, Saint Jean Pied de Port fue la principal puerta de entrada a la península ibérica durante la Edad Media al iniciarse allí el más importante de los itinerarios jacobeos, el llamado Camino Francés. A 8 kilómetros de la frontera española, es una acogedora ciudad de apenas 1500 habitantes, bien cuidada, con una arquitectura típica vascofrancesa y en la que el tiempo parece haberse detenido. Rodeada de un paisaje verde, conserva un aire señorial en el que se mezcla el sabor medieval con una atmósfera cosmopolita. Los peregrinos son hoy, sobre todo, turistas y veraneantes.


Saint Jean Pied de Port está situado en la región de Aquitania, pertenece al departamento de los Pirineos Atlánticos y al distrito de Bayona. Antigua capital administrativa de la Navarra de Ultrapuertos, es la capital política de la Basse Navarre, uno de los tres territorios históricos que integran el País Vasco Francés. Su relación con Navarra ha sido secular. Hacia el año 1150 fue reedificada por sus reyes, y en tiempos de Sancho el Mayor se construyó el primitivo castillo y, a su falda, un burgo nuevo. Al final del siglo XII, además de base para la reagrupación de peregrinos procedentes de todos los reinos europeos, Saint Jean Pied de Port se convirtió en la capital de la Sexta Merindad de Navarra, la de Ultrapuertos, y en un importante centro comercial. En 1530, con Carlos V, terminó su vinculación política con Navarra.


El pequeño núcleo fortificado en la Edad Media fue modificado en el siglo XVII. Delata su proximidad a España la decisión de Richelieu de reforzar las defensas fronterizas en plenas guerras de religión. Sobre el viejo castillo, fue construida en 1628 una impresionante fortaleza. Años más tarde, Vauban mejoró las defensas con varios bastiones y fortaleció aún más las murallas que rodean el núcleo urbano. Los peregrinos atravesaban las murallas por la Porte de Saint Jacques, edificada en el siglo XV.


Las calles empedradas bajan desde la ciudadela hacia el río. Recorrer en la actualidad el casco antiguo por la única y alargada calle, la antigua de Sant Jacques, hoy rue de Citadelle, es sumergirse en la Edad Media. Tras pasar la Prisión de los obispos (Museo del Camino) se llega al arco de San Juan que conduce al puente viejo, puente medieval sobre las aguas del río Nive y desde el que se contempla una interesante vista de las casas bañadas por el agua. Las viejas y antiguas casas, construidas en piedra rosácea y gris, con sus balconadas de madera sobrevuelan el río en el que se reflejan. A un lado del puente, se alza la iglesia gótica de la Asunción, antiguamente Notre Dame du Bout du Pont. Desde aquí y tras cruzarlo, se abandona la ciudad siguiendo la céntrica y comercial Rue d´Espagne hasta salir del antiguo recinto amurallado por la puerta del mismo nombre. Después la carretera enfila hacia la muga española de Valcarlos.


La ciudadela es ahora la escuela y no está abierta al público, pero es posible pasear por las murallas que la rodean. Desde lo alto del castillo se divisa una extraordinaria panorámica y un excepcional paisaje rodeado por altas montañas. Saint Jean es un bonito pueblo, pero no lo es menos la comarca en la que se asienta. Un clima dulce, brumoso y lluvioso enmarca las onduladas colinas que la rodean. La suavidad de la lluvia impregna la tierra y alimenta la hierba que enmoqueta los prados. Entre la sinfonía de verdes, los pueblos minúsculos, coquetos, cuidados, con sus casas de piedra desparramadas entre árboles y ovejas, componen una imagen idílica y pastoril. Urepel, Saint Palais, Banca, Saint Etienne de Bigorre, Alduides invitan al paseo. En este brillante escenario se encuentra el hayedo más hermoso de Europa, varios castillos y cuevas prehistóricas, y un poco más lejos, en Labourd, siguiendo el curso del Nive, el balneario de Cambó le Bains. La Basse Navarre es la tierra ideal para practicar el senderismo, deportes de montaña, la pelota vasca o, simplemente, no hacer nada.


También la gastronomía resulta tentadora. La calidad y autenticidad de los productos y la experiencia culinaria hacen de la cocina vasco-francesa una de las mejor consideradas del país vecino. En todos los pueblos hay agradables hoteles y buenos restaurantes, y en todos se come muy bien, especialmente en Les Pyrénées, otra razón para más para visitar Saint Jean Pied de Port. La familia Arrambide, propietaria del hotel del mismo nombre, mima los fogones y a sus clientes en uno de los mejores restaurantes de Francia.


Los aeropuertos de Bayona, Pamplona y Fuenterrabia nos acercan a la ciudad. El acceso por carretera se puede hacer, desde Pamplona por la N135 a través de Roncesvalles, o desde Irún por la autopista francesa A 10 y las carreteras regionales D933, D918 y D401.


Diez siglos después, Saint Jean Pied de Port sigue siendo lo que fue: un cruce de caminos, una amalgama de gentes, un lugar acogedor, medieval y cosmopolita.

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