Opinión

Bildu: resaca de un despropósito

Sábado 07 de mayo de 2011
Fiel a su estilo de marcar los tiempos de la vida política española, ETA vuelve a anotarse un nuevo triunfo al conseguir colar a los herederos de Batasuna –o a parte de ellos, al menos- en las próximas elecciones. Hay que decir, en puridad, que no han estado solos en semejante tarea. Eran muchos los que querían que el brazo político de la banda terrorista tuviera presencia en las instituciones; ellos sabrán porqué. Por un lado, los nacionalistas, prestos a acudir al rescate de sus correligionarios más radicales cada vez que la justicia intenta actuar. Por otra, los socialistas, sobre todo de Ferraz y Euskadi, quienes no han cejado en su empeño -algunos con más sutileza que otros- de que Bildu pudiese por fin presentarse a la cita electoral de mayo. Cómo será que hasta los propios integrantes de la coalición abertzale han constatado “presiones políticas” en su legalización, llegando incluso a afirmar que “la división de poderes no existe en España”.

A la vista de lo acontecido, no les falta razón. Los supuestos contactos de Zapatero con el Constitucional para ver “qué había de lo suyo”, el vaticinio de Eduardo Madina en el Congreso, anunciando a los suyos a principios de semana “un fallo agradable” y el que Pachi López hablase de los integrantes de Bildu como “irreprochablemente democráticos” son evidencias sospechosas. Aunque, por lo visto, pesan menos que la memoria de las más de 900 vidas segadas por ETA y quienes la secundan. Todas las asociaciones de víctimas, cada una con sus diferentes sensibilidades, han coincidido en lamentar la “operación calculada” alentada por un Gobierno sediento de pagar los votos del PNV y que ha permitido este despropósito. Y tienen razón. Porque, por más que resulte complicado ir contra una coalición en la que algunos de sus integrantes tienen una sólida -aunque cuestionable- apariencia de legalidad, no es menos cierto que podían haberse hecho mucho más para desmontar el engendro.

La sentencia del Constitucional ha de acatarse y respetarse, como mandan los cánones del estado de derecho, pero no tiene porqué compartirse el tenor literal de la misma. Máxime, cuando ha sido emitida por una instancia sobre la que recae la sombra del descrédito y la politización. Algo falla en nuestra democracia cuando los asesinos pueden hacer que sus voceros tengan acceso a las instituciones y…a las subvenciones. Y lo peor es que algo tan execrable no parece que incomode a todo el mundo.

TEMAS RELACIONADOS: