Ernesto Sabato: Informe sobre ciegos. Prólogo de Mario Sabato. Backlist. Barcelona, 2011. 224 páginas. 19 €
El amanecer del pasado sábado 30 de abril nos sorprendía con la triste noticia del fallecimiento del argentino
Ernesto Sabato, a quien nadie duda en calificar como una de las figuras más representativas de la narrativa moderna hispanoamericana. Decir esto es decir muy poco, sin embargo; ya que, además de por sus novelas y ensayos, será recordado como uno de los intelectuales más comprometidos en la lucha contra los desmanes de las dictaduras del Cono Sur, y en general frente a las atrocidades del mundo moderno. Tras la virulenta dictadura de Videla, el escritor presidió la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP), que denunció casi 9.000 desapariciones. El documento que recoge las conclusiones de dicha comisión se conoce como
Informe Sabato. El grado de compromiso del escritor con la dignidad del ser humano explica la enorme proyección internacional de su nombre y la conmoción, en estos días pasados, ante tan sentida pérdida, que se ha dejado notar en los círculos académico-intelectuales y en los incontables lectores de la obra sabateana. Justamente el primero de mayo se le iba a tributar un gran homenaje en la XXXVII edición de la Feria del Libro de Buenos Aires, con motivo de los cien años que Sabato habría de cumplir este próximo junio. La vida, no obstante, fue más generosa de lo que él mismo imaginó, si tenemos en cuenta que en 1999 nos legó con urgencia su testamento ético e intelectual,
Antes del fin, publicado por Seix Barral.
En los últimos años, Sabato había permanecido recluido en su casa de Santos Lugares, en la provincia de Buenos Aires, rodeado de sus muchos libros, reticente a las visitas y homenajes, sin dejar de pensar y contemplar el nuevo siglo con la misma agudeza de que siempre hizo gala. Pues, a tenor de sus escritos, qué duda cabe de que fue un intelectual atento a los síntomas que han ido anunciando las formas del porvenir. Por cierto que las palabras con que Sabato concluía aquel ensayo testamentario bien pueden servir hoy como acicate para las nuevas generaciones, que viven un presente harto brumoso: “Solo quienes sean capaces de encarnar la utopía serán aptos para el combate decisivo, el de recuperar cuanto de humanidad hayamos perdido”. La impiedades de un capitalismo inicuo, a duras penas sostenible, y el ascenso cada vez más preocupante de ciertos partidos europeos que postulan valores declaradamente xenófobos dotan de mayor significación, si cabe, a las palabras del escritor argentino.
La editorial Backlist, del Grupo Planeta, ha querido sumarse en este 2011 al homenaje en el centenario de Sabato con la publicación conmemorativa de
Informe sobre ciegos. Este texto emblemático del autor apareció originalmente como el penúltimo capítulo de los cuatro que conforman la novela
Sobre héroes y tumbas (1961), una de las obras más aclamadas por los lectores y que atrajo tempranamente la atención de intelectuales europeos como Maurice Nadeau o Salvatore Quasimodo. Este hecho, unido a la acogida favorable por la crítica latinoamericana, consagró a Sabato como una de las grandes voces de la nueva narrativa en lengua castellana.
Sobre héroes y tumbas ofrece al lector un fresco de la historia argentina desde el siglo XVIII, cuando todavía no ha tenido lugar la emancipación político-territorial y regían las leyes de la administración colonial, hasta 1955, año en que se produce (el 21 de septiembre) el golpe de estado que derroca a Perón, en su segundo mandato en el gobierno. El carácter de “novela total” que posee esta obra es innegable: a lo largo de cientos de páginas podemos hallar desde problemas sociológicos relacionados con la composición étnica de la Argentina hasta cuestiones ontológicas como la soledad del ser o la (in)existencia de Dios, desde estampas costumbristas de Buenos Aires hasta definiciones de literatura y arte, desde Arlt hasta Borges, y en fin, desde Evita Perón hasta Gardel, figuras infaltables en la mitología porteña del siglo XX.
El hecho de que se publique
Informe sobre ciegos desgajado de su contexto novelístico no empaña su sentido ni impide captar las posibles interpretaciones que el texto ofrece, ya que en el marco de la novela en que nace se muestra como un intervalo donde hay incluso un cambio de narrador. Si en los capítulos precedentes son varias voces confluyentes las que dirigen el curso de la historia, en
Informe... es el personaje luciferino de Fernando Vidal Olmos quien cuenta en primera persona los hechos. Dicho esto, estructuralmente sí que puede apuntarse una resignificación del texto al ser leído de forma independiente. La frase con que da comienzo: “¿Cuándo empezó esto que ahora va a terminar con mi asesinato?”, inscribe esta pieza de Sabato en la estirpe de
La metamorfosis de Kafka, que inaugura en 1915 una nueva forma de contar donde el hecho capital, el qué sorpresivo de los relatos de terror decimonónicos, es situado al inicio de la historia: “Una mañana, tras un sueño intranquilo, Gregor Samsa se despertó convertido en un monstruoso insecto” (sigo la extraordinaria traducción al castellano de Julio Izquierdo). Lo que obliga al lector a reorientar su perspectiva de lectura hacia el
cómo y el
porqué. García Márquez, sacudido por la lectura del escritor checo, confesó que quiso ensayar esa misma fórmula, y de hecho es lo que hace en
Crónica de una muerte anunciada (1981): “El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana...”, así comienza su novela.
La crítica ha hecho notar la influencia del surrealismo en
Informe..., y de algunos ilustres precursores de ese movimiento como Lautréamont y Rimbaud. No le falta razón. Sabato nunca escondió su apego a los surrealistas en sus años juveniles, cuando se iniciaba en la literatura, y aún después. Dicha influencia se aprecia a las claras en las visiones oníricas del protagonista, por momentos delirantes, a través de las cuales se nos muestra al detalle un mundo confabulado por obra y gracia de la Secta Sagrada de los Ciegos. Ellos, los ciegos, son quienes gobiernan de forma perversa la realidad visible. A nadie debe extrañar que en su día, cuando se dio a conocer
Sobre héroes y tumbas, diversos colectivos de invidentes protestaran enérgicamente contra el autor. En el libre ejercicio de sus ficciones, Sabato ubica a los ciegos dentro de la misma categoría zoológica de los reptiles, y como estos, los describe bajo una piel vidriosa y repugnante al tacto.
Si el relato pesadillesco que vive Gregor Samsa es contado por Kafka con un lenguaje conciso, casi funcionarial (de ahí la comicidad del texto, que hoy pasa desapercibida), la realidad alucinada que nos muestra el
Informe sobre ciegos es descrita por el narrador con una lógica y precisión científicas que hacen todavía más inquietante la historia. Cabe recordar al respecto que, antes de lanzarse a escribir novelas, Sabato cursó estudios de doctorado de Física en la Universidad Nacional de La Plata, en donde llegó a ejercer como docente, y asimismo trabajó en el campo de las radiaciones atómicas en el prestigioso Laboratorio Curie de París. Las consonancias entre el
Informe... y el relato del escritor checo no se detienen en lo dicho hasta ahora. Pues si Gregor se ve transformado de humano en insecto inmundo (“Un escarabajo del tamaño de un perro”, anota Nabokov con autoridad de entomólogo), el personaje de Fernando muta primero en pez y luego en otra serie de criaturas, encarnaciones que nada tienen que ver con el ascenso pitagórico. Más bien lo inverso. Como en Kafka, los niveles de realidad y sueño, de conciencia y semiinconsciencia se suceden, entrelazan y confunden en el texto de Sabato. De tal manera que, en el descenso
ad inferos del protagonista, quien llega a deambular por las cloacas de Buenos Aires, no sabemos hasta el final adónde conducirá el último y más bajo círculo. Lo que parece querer decirnos Sabato ofrece pocas dudas: nadie se engañe, el infierno no está ahí afuera, sino que vive en cada uno de nosotros.
La lectura de
Informe sobre ciegos no deja indiferente y se presta a múltiples interpretaciones, pero por encima de cualquiera de ellas nos hace pensar en el sentido más profundo y abismal de la realidad (“Realidad que me pregunto si al fin es la verdadera”, escribe Fernando). Un mundo desquiciado, pesadillesco, absolutamente kafkiano –metáfora del siglo XX donde toda certeza se desmorona– pero contado con el rigor de la ciencia, que convierte la locura en realidad verosímil. El estallido final, no exento de paranoia, nos lleva a un Apocalipsis radiactivo de dimensiones cósmicas, reactualizado una y otra vez en nuestra contemporaneidad como amenaza presente: “El Universo entero se derrumbó sobre nosotros”.
Sabato nos ha dejado, lamentablemente. Pero esta es tan solo la mitad de la proposición, pues
nos ha dejado por fortuna una obra literaria y ensayística muy viva, que debe ser leída como síntesis de las obsesiones y problemas que cifran el siglo XX y describen proféticamente lo que llevamos recorrido del XXI. Sin que sea un consuelo para nadie, cabría no desoír el consejo del cantautor platense Facundo Cabral, quien nos advierte: “Hay que desconfiar de los genios, porque a veces se hacen los muertos”. ¿Quién puede decir que murió Sabato, o Borges, o Chagall, o Malher...?
Por Aníbal Salazar Anglada