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Israel y su particular “caza de brujas”

Servicio militar

Viernes 28 de marzo de 2008
El Ejército israelí no perdona ni olvida que estas celebridades se “escaquearon” de su obligación patriótica y lo último que ha hecho ha sido prohibir a sus soldados acudir a un concierto benéfico de Ben Artzi, uno de los cantantes más famosos de Israel. Las razones aducidas por el mánager de Artzi sobre las acusaciones del ejército, fueron que se le encontró incapacitado para cumplir el servicio militar, pero que realizó el consiguiente servicio social.

Al menos a Artzi se le permitió actuar, porque desde la Segunda Guerra del Líbano, durante el verano de 2006, la cosa se ha puesto difícil para los artistas que no han cumplido con la patria, hasta el punto de que algunos han tenido actuaciones suspendidas en la televisión. A veces hasta se han tenido que disculpar públicamente o se han visto obligados a defender el servicio militar como necesario para el país.

Pero la tendencia a intentar escapar del servicio militar, a pesar de anuncios radiofónicos como “el buen israelí no se salta el servicio”, está en alza. Por eso esta particular caza de brujas se endureció tras la última guerra. Si antes los héroes israelíes eran los soldados y los pioneros que ayudaron a crear y defender el país contra viento y marea, ahora lo son gente como Bar Rafaeli, la top model novia de Leonardo DiCaprio o cantantes de pop como Aviv Geffen, que en su vida han sujetado un rifle. O los concursantes del programa “Ha nacido una estrella”, la versión israelí de Operación Triunfo. No hay que olvidar que los que ingresan en el servicio militar son adolescentes de dieciocho años.

Desde luego en el gobierno y en el ejército lo saben muy bien así como también saben que están perdiendo al menos un veinticinco por ciento de los posibles soldados al año. Por eso recientemente se está planteando pagar un sueldo (mínimo) a la soldadesca para que al menos el hecho de pasar tres años confinados en una base resulte más atractiva. Aún así, la mayoría preferiría continuar con sus estudios, ya que en Israel es costumbre que cuando se acaba la “mili”, se hace un viaje de un año más o menos a la India o a Sudamérica, por lo que cuando el ex soldado se quiere poner a estudiar de nuevo, ya tiene veintidós años.

Son muchos los que escapan estos tres años acogiéndose a las dos únicas excepciones: incapacidad física o mental y ser ultraortodoxo. La mayoría de los que se quieren librar argumentan la primera. Decir que se es religioso conlleva tener que vestirse modestamente y llevar kipá casi durante los tres años, porque el ejército muchas veces comprueba si es cierto o no y si se descubre que no es verdad, se puede acabar en la cárcel.

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