Opinión

Europa y España frente a Grecia

Martes 10 de mayo de 2011
Este fin de semana ha sido muy intenso en la Unión Europea. Desde hace un mes se cernían sobre Grecia rumores crecientes que han llegado a ser ensordecedores sobre su incapacidad para hacer frente a su deuda. Primero, unos economistas que trabajan para un conocido banco americano en Grecia. Luego, ya en boca de los analistas de todo el mundo y finalmente de los políticos, que prefieren ser cautos a la hora de despertar susceptibilidades del mercado, especialmente si ello les va a forzar a dar malas noticias. Al final la realidad resulta inocultable, y ya sólo se debate qué salida para Grecia y el euro será la menos onerosa para todos.

En realidad, la tarea a la que se había lanzado el renovado gobierno de Papandreu era casi hercúlea. Nos quedaremos sin saber si era posible, porque pese a los valerosos pasos adelante dados por el Ejecutivo heleno, lo cierto es que no han sido suficientes. Grecia ha vivido muy por encima de sus posibilidades durante mucho tiempo, y a la hora de ajustar las cuentas no ha recorrido todo el camino que debiera. Pero el problema de la credibilidad de la deuda helena no es tanto el ritmo al que aumente los impuestos ni tan siquiera al que reduzca los gastos, sino hasta qué punto es capaz de transformar una economía anémica en otra vigorosa. Esto último, sin embargo, no se ha atrevido a abordarlo el gobierno de Giorgios Papandreu. El gobernador del banco central griego ha hecho una llamada nacional a cambiar de modelo productivo, a sustituir una moral ciudadana acostumbrada a que el Estado lo asista y lo pague todo, a una cultura del esfuerzo y del ahorro. Ha llamado a las empresas a hacer un esfuerzo por vender al exterior, por lanzarse a esa economía global en la que todos somos más productivos. Por el momento nadie le ha escuchado.

Ahora el problema no es sólo griego. Europa se debate sobre la opción de prestar otros 30.000 millones más al país mediterráneo. Esto le daría más tiempo al Estado heleno, pero ningún período de gracia será suficiente si no da el paso hacia las reformas que ha estado escamoteando durante un año. Gran Bretaña ya ha dicho que con ella no cuenten. El gobierno de Finlandia, que desató un pequeño terremoto con el ascenso de los Verdaderos Finlandeses, también se ha negado en principio, aunque parece más dispuesto a colaborar. Por lo que se refiere al resto, Europa sigue sus prácticas, con reuniones secretas como las que defendía el presidente del Eurogrupo, Jean Claude Juncker, a las que asisten unos estados, pero otros se quedan a las puertas. Holanda ya se ha quejado de ello. Hay algo de resquebrajamiento del modelo europeo, aunque por el momento no ha llegado la sangre al río.

Por lo que respecta a España, todas esas dudas le han vuelto a afectar. Pero más importante que ello, mucho más, es la lección que podamos aprender de este desventurado devenir. Si bien nuestra economía es más productiva que la griega, tiene todavía mucho que mejorar, especialmente por lo que se refiere a la competitividad y la productividad. Por ello, debe verse reflejada en el ejemplo de Grecia para animarse a las largamente postergadas reformas.

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