Miércoles 11 de mayo de 2011
La imagen de dos históricos presos de ETA ayer saliendo de la cárcel entre vítores de los suyos y alegatos a favor de Bildu no ha causado extrañeza alguna. Lo inusual sería lo contrario: que ellos y el resto abandonaran la prisión arrepentidos de sus crímenes y haciendo el menor ruido posible. Pero nunca es así. Baste recordar la ridícula puesta en escena que suele llevar a cabo la izquierda abertzale cada vez que detienen a los suyos, con calculadas y ruidosas muestras de afecto. Exactamente eso fue lo que pasó ayer, ni más ni menos. Por eso no hay que darle más importancia de la que tiene.
En democracia, cada uno puede expresarse como le parezca, con el único límite del respeto a los derechos fundamentales. Si dicha expresión guarda relación con alguien que los vulnere, caso de ETA, podría actuarse penalmente contra quien así procede. Batasuna y ETA forman parte del mismo entramado, como así han dictaminado múltiples instancias judiciales. Pero seis magistrados del Constitucional opinan que Bildu está limpia, por lo que hacer campaña por esta formación es perfectamente legal. Retrata, eso sí, tanto a al formación en cuestión como a quienes la apoyan -presos de ETA del llamado “sector duro” con delitos de sangre a sus espaldas de los que nunca se han arrepentido-. Con todo, si Bildu es legal y quienes la jalean han cumplido su deuda con la justicia -por más que les haya salido demasiado barato asesinar-, nada puede hacerse salvo ignorarles con desprecio.
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