Opinión

Dictadura del sondeo y la encuesta

Lunes 16 de mayo de 2011
Comienza la última semana de campaña electoral con el mismo horizonte nublado que se atisbaba al inicio: políticos contra políticos, y los ciudadanos como meros espectadores en vez de protagonistas. El PSOE, con Zapatero a la cabeza, con el ataque frontal al PP como único argumento; y, los populares, el paro como único argumento. A propósito de esto último, ha habido que esperar más de una semana para que oyese a Rajoy decir algo de Bildu, si bien fue apenas una referencia. Mientras, los barones socialistas hacían encaje de bolillos para desvincular su imagen de la de Zapatero. Todo lo cual no es sino una pequeña muestra de lo poco que importa el ciudadano a la clase política de este país, empeñada en un bifaz cuyo haz es la constante riña a garrotazos y, el envés, conservar la poltrona a cualquier precio.

Cuando David Cameron ganó las elecciones en Inglaterra, lo hizo manejando encuestas en las que quedaba patente el descontento de muchos británicos ante las impopulares medidas que iba a verse obligado a adoptar. Pero ni las ocultó en campaña ni dejó de cumplirlas después, a sabiendas de que era lo mejor para su país. Algo así sería impensable en España. Aquí, Rajoy sabe que la principal preocupación del electorado es el desempleo, y recurre a ello machaconamente, desdeñando otros asuntos que también interesan. Por su parte, muchos barones socialistas saben lo mucho que resta la imagen de su líder, por lo que han tratado de desvincularse de Ferraz y Moncloa con un afán casi ridículo -caso de Barreda y Fernández Vara-. Se piensa más en la encuesta de turno que en el elector final, y eso es intolerable. Esta campaña no pasara a la historia precisamente por la altura de sus debates y el interés de sus propuestas, sino por todo lo contrario. Algo que los partidos políticos -todos- deberían hacerse mirar.

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