Opinión

Provocación

William Chislett | Sábado 29 de marzo de 2008
La pública y publicitada conversión al catolicismo del subdirector del Corriere della Serra, Magdi Allam, que fue bautizado en San Pedro la noche de Pascua por el mismísimo Papa Benedicto XVI, ha sido una provocación innecesaria y que daña los intentos de diálogo entre religiones.

El Vaticano debía haber tenido en cuenta que tal acto provocaría una lluvia de fuertes críticas -entre ellas, las de 138 intelectuales y líderes religiosos musulmanes que tuvieron una audiencia en el Vaticano en febrero- y aunque no fuera así demuestra que no conoce el mundo real. El tema no es la conversión en si misma, sino su utilización por la Santa Sede y de la manera espectacular en la que lo ha hecho.

Allam (de origen egipcio escolarizado en escuela católica) no es un simple musulmán más: es un célebre crítico del Islam que había escrito en un artículo en el Corriere que “el Islam moderado no existe” y había recibido amenazas por sus posiciones sobre la cuestión islámica en Italia.

La gran mayoría de los musulmanes no son integristas islámicos y Turquía (cuyo gobierno es neo-Islamista y está muy a favor de ser miembro pleno de la Unión Europea) es una nación secularizada de una forma muy peculiar.

Esta es la segunda vez que el papa ha metido la pata con el Islam. En 2006 durante una conferencia ofrecida en Alemania dijo “Demostradme que Mahoma trajo alguna novedad y encontréis únicamente cosas diabólicas e inhumanas, tales como su orden de propagar la fe que enseñó a través de la espada”. Estas palabras se escribieron en 1391 (hace 617 años) por el emperador de Bizancio, Manuel II Paleólogo, uno de los últimos gobernantes cristianos antes de la caída de Constantinopla.

Como dijo Aref Alí Nayed, portavoz de los musulmanes en el diálogo con los cristianos, en un mundo achacoso no necesitamos provocaciones.

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