Opinión

Elecciones en mi pueblo

William Chislett | Sábado 21 de mayo de 2011
En un lugar de la Mancha, cuyo nombre prefiero no mencionar porque tengo una casa allí desde hace más de 30 años, espero que no salga elegido en las elecciones el mismo alcalde que hemos tenido durante los últimos 24 años. No ha sido un mal alcalde, pero ha ostentado el puesto durante demasiados años.

En las elecciones del 2007 los Socialistas ganaron el 46,3% de los votos, el Partido Popular 34.3% y el Centro Democrático Liberal (CDL), un nuevo partido, 18,9%. De los 472 personas con derecho a voto, 391 (el 82,8%) votaron. De los siete concejales, cuatro son Socialistas, dos del PP y uno del CDL.

El alcalde (quien se postuló la primera vez por el Centro Democrático Social) es dueño del mayor bar y de un hostal del pueblo. Cuando le entrevisté en 1977 como parte de un articulo para The Times de Londres, poco antes de las primeras elecciones libres en España en 41 años, me dijo que iba votar al partido del vino tinto. La candidata del PP trabaja en la farmacia y el candidato del CDL tiene negocios en Madrid, una gran Casa Rural y un restaurante en el pueblo que al ponerse en marcha hace un par de años rompió el cuasi monopolio del alcalde. Tal vez por esto, la construcción de la casa Rural, que necesitó varios permisos y licencias, tardó mas de lo debido.

Llama la atención, al entrar en el pueblo, que el letrero que anuncia el bar del alcalde es bastante más grande que el de la casa rural.

Esta vez hay solo dos candidatos, el alcalde de nuevo y la misma candidata por el PP. Me importa menos el color político de la otra candidata que el que tenga una nueva cara y nuevas ideas.

Como todos los alcaldes en los más de 8.000 municipios en España, el alcalde de mi pueblo tiene un poder significativo para contratar personas y es de suponer que estas siempre voten por él, aunque, para ser justo, la bibliotecaria, que lleva una vida de funcionaria, puede ser todo, menos votante del PSOE. El alcalde también ejerce influencia en la residencia de ancianos y en asignar viviendas de protección oficial (su hijo tiene una aunque también tiene su propia casa).

Mi pueblo es un microcosmos de la modernización de España. Cuando compré la casa, en 1976, el pueblo no tenía agua corriente ni calles asfaltadas, se llamaba por teléfono a través de operadora, que era una de las hijas del dueño de uno de los bares, la escuela estaba en un estado ruinoso y el lugar más cercano para comprar periódicos estaba a 20 kilómetros. Desde hace ya años contamos con agua corriente, asfalto en las calles, teléfonos automáticos, una escuela moderna, un centro de salud, en la panadería se venden periódicos y desde hace unos años tenemos Internet de alta velocidad. Reflejando el declive de la Iglesia Católica, el pueblo tenia su propio cura en los 70 y ahora el cura sirve varias parroquias.

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