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Jueves 03 de noviembre de 2011
Los más destacados dirigentes socialistas abrazaron con entusiasmo la candidatura del exvicepresidente del Gobierno y exministro del Interior a vivir en el Palacio de La Moncloa. Porque él conoce la política como pocos. Porque no era una frase más aquella de Rodríguez Zapatero que afirma que el antaño velocista es capaz de maniobrar para volcar encuestas u opiniones en un escueto margen de tiempo.
Pérez Rubalcaba tiene en su punto fuerte también su debilidad. Ha manejado en los últimos años sensibles resortes del Estado y la oposición no ha dudado en tacharlo de calculador o manipulador. Al tiempo, pocos dudan de su capacidad para la comunicación, fruto de sus aptitudes docentes. Accedió a la política en cargos vinculados a Educación. Esa doble cualidad, su encanto, la sonrisa que unos ven franca y otros maquiavélica, hacen de las aspiraciones del cántabro una incógnita.
Sobre todo porque el PSOE se ha derrumbado. Los españoles han retirado la confianza depositada en 2008. El propio Pérez Rubalcaba reconoce que compañeros como José María Barreda o Guillermo Fernández Vara, como ejemplo de otros tantos barones y alcaldes, han perdido multitud de votos por el simple hecho de pertenecer a unas siglas que en estos momentos encabeza Rodríguez Zapatero. Sin embargo, el vicepresidente aspira a ganarse la confianza de los ciudadanos afirmando que es "íntimo amigo de José Luis". También lo fue y lo es de Felipe González, por quien dio la cara cuando su Ejecutivo se hundió en un mar de acusaciones y sonados y ya conocidos escándalos. El momento actual es semejante, con la complejidad de tener que justificar severos problemas que padece el país y, a la vez, decir que goza de los planes necesarios para revertir la situación. Por descontado, este mandato también tiene su escándalo. Lleva por nombre 'Faisán'.
Es capaz de manejarse en situaciones límite y socialistas e incluso algunos 'populares' le conocen como la 'bestia negra' del PP. En Génova aún recuerdan que Pérez Rubalcaba no necesitó diez meses sino dos días para dar la vuelta a unas elecciones. Él puso rostro y voz a la estrategia socialista en aquella campaña, la que se vistió de luto por el 11-M y que combinó a pocas horas de la tragedia tantos ingredientes dramáticos como políticos. Aún colean aquellos días en la prensa y los tribunales. Hoy, ministro del Interior, le creen en el principal partido de la oposición capaz de cualquier estrategia mediática-policial-política y saben que han de estar alerta. O quizá el enemigo esté en casa y sea precisamente su "íntimo amigo José Luis".
Pérez Rubalcaba devora periódicos. Con atención. Así lo constató Juan José Millás en una dilatada entrevista para El País. Conoce de qué se habla, lee entre líneas. Conoce el impacto de todo hecho y declaración. En esta entrevista, reconoce que su carrera política "es la de un estratega". Un estratega conoce el terreno en que se mueve. Es el caso. Para dar alimento a la leyenda construida por sus detractores, y no sólo detractores, se retrata aludiendo a una cita de un detective de novela negra: "Si no fuera malo, estaría muerto; si no fuera dulce, no podría vivir".
Es el perfil del aspirante, de un sexagenario del pasado y el presente que vende renovación y futuro. El clavo ardiendo de un partido en profunda crisis, el comodín que ha resultado salvador en otras ocasiones. El plusmarquista ante el pistoletazo de su última carrera.
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