Cultura

Las Bodas de Fígaro más sevillanas regresan al Teatro Real

Crítica de ópera

Martes 31 de mayo de 2011
El Teatro Real recuperó anoche el montaje hiperrealista creado por Emilio Sagi de la ópera más bufa de Mozart, Las Bodas de Figaro, estrenado en el coliseo madrileño el verano de 2009 como cita final de aquella temporada. Entonces, su extrema fidelidad a la época en la que el genial compositor austriaco la ambientó ya supuso un éxito de esos que marcan a una producción como apuesta segura a la hora de “cubrir” bajas inesperadas o cambios de última hora.


De hecho parecía poco probable que, a pesar de la buena acogida que tuvo en su día, pudiera volver a verse la misma producción menos de dos años después de que pasara por la Plaza de Oriente. Sobre todo, porque, además, se trata de la cuarta vez que una misma obra se representa en el Real desde su reapertura. Y que la cómica comedia de enredo alumbrada por un siempre atrevido y sagaz Mozart, uno no se canse nunca de verla tampoco es excusa, porque precisamente uno de los caballos de batalla de aficionados, por una parte, y responsables de la programación, por otra, es que hay óperas de las clásicas que, a pesar de su indiscutible poder de convocatoria, aún no han pisado la capital y ni siquiera se las espera.

Lo cierto es que como contaban dos de sus principales protagonistas, la soprano alemana Annette Dasch y el barítono estadounidense Nathan Gunn antes del estreno de anoche, ellos en realidad iban a venir a Madrid para cantar en la versión de “Così fan tutte” con Juan Diego Florez que había programado el anterior director artístico del Real, Antonio Moral. Sin embargo, por distintos motivos, la misma no nunca llegó a concretarse y, en su lugar, se programó finalmente el inesperado regreso de este dramma giocoso con libreto de Lorenzo da Ponte, estrenado en Viena en 1786, todo un signo de escandalosa modernidad para la época.

Siglos después, los enredos amorosos que Mozart sitúa en una exótica Sevilla siguen igual de vigentes, a pesar de que ya hayan perdido en buena parte su dosis de escándalo, quedándose en simple objeto de maldicientes habladurías y de que ahora nos parezca impensable que el derecho de pernada acabara de abolirse en aquel periodo. Y no digamos de lo increíblemente incorrectos que nos parecerían algunos pasajes de la obra en los que Figaro, a quien anoche dio vida Pietro Spagnoli, advierte a los maridos pasados y presentes, es de imaginar que también futuros, de que sus mujeres son lo más falso que existe sobre la faz de la Tierra y que cuanto antes se den cuenta de su infidelidad, mucho mejor les irá en la vida. Aunque Mozart tampoco se olvida de los hombres y se despacha a gusto contra ellos a través del curioso personaje de Marcellina (“Sua madre, Mia madre, La madre”), interpretado anoche por la soprano suiza Jeanette Fischer, acompañada en sus labores más cómicas, aunque cómicos sean en general todos los personajes, por Carlos Chausson como Bartolo y Raúl Giménez como Basilio.

Pero escena y trama aparte, de la producción vista en julio de 2009 a la estrenada anoche, en cartel hasta el próximo 17 de junio, hay dos importantes diferencias. La primera tiene que ver con la batuta responsable. Si en 2009, Jesús López Cobos advertía, dentro y fuera de la escena, de que el hecho de que se tratara de una ópera bufa no podía inducir al error de creer que es una ópera fácil y no sólo lo advertía, también lo demostraba, anoche la factura de Víctor Pérez Pablos se saldaba con un resultado moderado, atento a la corrección, pero más bien alejado de la pasión, al frente de la Orquesta Titular del Teatro Real (Orquesta Sinfónica de Madrid).

El reparto vocal es la otra importante diferencia. También la excusa, si es que alguien la necesita, para acudir de nuevo a ver esta producción que el próximo día 4 saldrá a la pantalla gigante que el Real coloca en su fachada para el público de la Plaza. Los citados Dasch y Gunn son la pareja encargada de meterse en la piel y en la garganta de los condes de Almaviva, y lo hacen no sólo con los cuidados y generosos timbres que ya hace años que recorren los más prestigiosos templos de la lírica por el mundo, también con una capacidad interpretativa a la altura de los personajes alumbrados por la pluma de Da Ponte y especialmente las notas de Mozart.

Y no ha sido tarea fácil, porque los ensayos con Emilio Sagi han constituido toda una prueba de resistencia. El director de escena español sólo disponía de cuatro días para “escaparse” de su actual proyecto preparando con Riccardo Muti “I due Figaro”, que se estrena el próximo día 10 en el Festival de Salzburgo, y venir a Madrid antes del estreno de la obra. Cuatro días aprovechados al máximo a tenor de los resultados también en relación al resto de los intérpretes, especialmente de Aleksandra Kurzak en su papel de Susanna, la más premiada por los aplausos del público, y de Alessandra Marianelli, que supo dar luz a las ya de por sí luminosas intervenciones de su personaje Cherubino.

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