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La crisis y el rescate eclipsan el debate político en Portugal

Elecciones 2011 portugal

Miércoles 01 de junio de 2011
En torno a la gravedad de la crisis por la que pasa Portugal y el rescate acordado con Bruselas y el Fondo Monetario Internacional (FMI) gira toda la campaña electoral lusa, en la que el debate político ha pasado a un segundo plano. Los requisitos exigidos por las instituciones internacionales a cambio de los 78.000 millones de euros -prestados a un interés superior al 5 %- que recibirá el país en los próximos tres años han dejado un margen de maniobra mínimo al Gobierno saliente de las urnas.

Por este motivo son muchos los analistas que consideran que ahora, dados los estrictos compromisos adquiridos por Portugal, los ciudadanos conocen casi al detalle el programa de gobierno del nuevo Ejecutivo, y que poco podrá variar salga quien salga elegido el 5 de junio. De hecho, la campaña electoral lusa se ha caracterizado hasta el momento por sacar a debate asuntos de importancia menor, cuya "vida útil" no se alarga más de 24 horas.

A medida que han ido pasando los días, tanto el candidato socialista y primer ministro, José Sócrates, como su principal rival, el socialdemócrata Pedro Passos Coelho, y el democristiano Paulo Portas han ido disminuyendo sus referencias al rescate financiero.

Pese a este silencio, que para muchos obedece a la extendida teoría de que sólo con malas noticias no se ganan comicios, las fuertes medidas de ajuste a las que va a tener que hacer frente el país continúan presentes de forma implícita en cada uno de sus declaraciones y actos.

Quienes sí recuerdan con insistencia las consecuencias del rescate son los partidos de izquierda, los comunistas del CDU y los marxistas del Bloque de Izquierda, que buscan rentabilizar su negativa al rescate y promueven la renegociación de la deuda para evitar lo que consideran que sería una "bancarrota social". La petición de ayuda externa, hecha oficial el pasado 6 de abril, puso punto y final a más de seis meses de continuos rumores y especulaciones sobre la llegada del FMI a Portugal, recogidos con profusión por los propios medios de comunicación lusos.

El elevado déficit público del país, situado en 2010 en el 9,1 % de su PIB, fue la principal razón esgrimida por analistas, inversores y agencias de calificación de riesgo para explicar su progresiva pérdida de confianza en las finanzas lusas. El Ejecutivo portugués argumentó entonces que su deuda era inferior a la de estados a priori tan fiables como el Reino Unido o EEUU, y recordó que sus bancos no tuvieron problemas con activos tóxicos o con la burbuja inmobiliaria.

Otros problemas, sin embargo, responden a deficiencias estructurales de su economía, como su bajo crecimiento del PIB en la primera década del siglo XX, que fue de un modesto 6,47 %, o su pronunciado déficit comercial, estimado en unos 20.000 millones de euros, equivalente al 8 % de su economía.

La principal preocupación social, sin embargo, radica ahora en su tasa de desempleo, que se encuentra en el 12,4 %. Para intentar revertir esta situación, la solución pactada por las autoridades lusas con la Unión Europea (UE) y el FMI abarca una serie de medidas dirigidas a privatizar, recortar el gasto público y liberalizar el mercado laboral, aunque bajo la premisa de intentar no ahogar sus opciones de crecimiento.

El memorando firmado con Bruselas y el FMI obliga a revisar su legislación para permitir los despidos cuando el trabajador no reúna las condiciones actuales que requiera su puesto o cuando no cumpla con los objetivos por razones atribuidas a su responsabilidad. También incluye una reducción de la duración máxima de la cobertura por desempleo a 18 meses, rebajar paulatinamente la ayuda a los trabajadores a partir de los seis meses sin empleo y dejar las indemnizaciones en diez días por año.

Congelar las pensiones y reducir las que superen los 1.500 euros mensuales, aumentar los ingresos fiscales, "racionalizar" los servicios de educación y de sanidad, así como ampliar su programa de privatizaciones son otras de las recetas. Es en este contexto en el que vuelven a las urnas los portugueses, cada día más desencantados con sus representantes políticos, según los últimos datos del Eurobarómetro, conscientes de que se avecinan tiempos de ajustes y de que el sentido de su voto no tiene visos de que pueda cambiarlo.

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