Opinión

Disputas comerciales en el Mercosur

Alieto Guadagni | Sábado 04 de junio de 2011
Durante las últimas semanas las disputas por trabas al comercio reciproco ocuparon el lugar central en las relaciones entre Brasil y Argentina, pero es probable que la sangre no llegue al rio. El conflicto diplomático se había escalado el mes pasado cuando Brasil comenzó a aplicar trabas burocráticas a sus importaciones desde Argentina, particularmente a automóviles; estas trabas eran la respuesta a medidas de igual naturaleza que Argentina había aplicado a lo largo del último año a una variedad de productos brasileños.

Esta es una situación muy repetida en la historia de los conflictos comerciales entre naciones, cuando el país A se siente afectado por trabas a sus exportaciones al país B por medidas administrativas de este país, con frecuencia refuerza su capacidad negociadora implantando medidas similares a las exportaciones que le realiza el país B. Esta reciente disputa no escapa a este modelo tradicional de negociación internacional de “pegar donde duele”.

Pero las negociaciones ahora han avanzado y probablemente se vayan acotando y minimizando los rubros en conflicto. Digamos que la negociación entre Brasil y Argentina no puede ignorar un hecho crucial en el comercio bilateral: Brasil es para la Argentina más importante que lo que Argentina representa para Brasil desde el punto de vista del comercio exterior. Brasil no es únicamente el primer mercado para las exportaciones de Argentina, sino también su primer proveedor internacional, en segundo lugar encontramos a la Unión Europea y en tercer lugar a China.

Pero visto desde Brasil el comercio bilateral con Argentina tiene menos significación, ya que China y Estados Unidos son el primer y segundo mercado para las ventas brasileñas, ubicándose Argentina recién en el tercer lugar. Lo mismo ocurre con las importaciones brasileñas: su primer proveedor es Estados Unidos y el segundo China, ubicándose Argentina apenas en el tercer lugar. Es así como Brasil representa el 25 por ciento del total del comercio exterior argentino, mientras que Argentina representa el 8 por ciento del comercio total del Brasil.

En los próximos meses es posible que este tipo de conflicto comercial corra el riesgo de extenderse a los intercambios que Argentina tiene con otras naciones. Dos son las razones que abonan esta aseveración, en primer lugar Argentina ha sustentado su fuerte recuperación económica desde el 2002 con un considerable superávit comercial, pero el caso es que este superávit ha comenzado a reducirse ya que las importaciones trepan más que las exportaciones. Incide en este nuevo escenario la rápida desaparición del superávit comercial aportado por el sector energía (petróleo, gas y electricidad).

Hacia el 2006 el sector energía aportaba nada menos que la mitad del superávit comercial, este año por vez primera en los últimos 20 años Argentina tendrá un déficit comercial energético en el orden de los 2000 millones de dólares por las crecientes importaciones de hidrocarburos, necesarias para cubrir la caída en la producción nacional de petróleo y gas. El otro factor que incidirá en el sentido de implantar más medidas burocráticas para trabar las importaciones es una inflación muy alta en términos de la estabilidad del tipo de cambio; mes a mes la industria manufacturera argentina observa como le es más difícil exportar y al mismo tiempo crece la amenaza de crecientes importaciones.

Como los costos de producción en dólares suben sin cesar (inflación de costos internos que trepan más rápido que la devaluación del peso) se está avanzando por el sendero de la pérdida de competitividad de la industria local. Esto explica, y para muchos sectores productivos justifica, la implementación de medidas administrativas que traben las importaciones. El ministro Boudou no está en condiciones de definir otra política cambiaria y por eso ingenuamente se aferra a seguir utilizando el Instituto Nacional de Estadísticas como organismo oficial que difunde mes a mes estadísticas falsas sobre la inflación. El ministro podrá mentir, pero como decía Perón “La única verdad es la realidad”.

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