Opinión

Una nueva oportunidad para Portugal

Lunes 06 de junio de 2011
Los socialistas han perdido en Portugal las elecciones generales celebradas este domingo. La derrota ha sido clara y concluyente: El PSD, de carácter liberal conservador, ha concitado un 38,7 por ciento del voto y se queda a 11 escaños de la mayoría absoluta. El CSD, de carácter conservador, ha obtenido 24 escaños. Juntos, si llegan a un acuerdo de gobierno, aportarán la estabilidad que es necesaria en cualquier tesitura pero más en la gestión de la difícil situación heredada. Los analistas creen que el mercado valorará positivamente, por encima de otra consideración, esta estabilidad en el gobierno.

El primer ministro, José Sócrates, había dicho que estas eran las elecciones más importantes desde la restauración de la democracia. No está claro que sea así, dado que el nuevo gobierno comenzará su andadura sin política económica, ya que ésta reside en Bruselas. Sí lo son, en el sentido de que Portugal se juega el prestigio de su Estado. Y que, haciendo de la necesidad virtud, puede asentar las bases para una estructura económica que le permitan reengancharse a la economía global como una sociedad productiva.

El descalabro económico de los socialistas está más que merecido. Primero restaron importancia a la crisis. Luego reaccionaron con un ridículo plan de ajuste; seguían sin aceptar la realidad. Más tarde aprobaron un segundo plan de ajuste que no era ni suficiente ni adecuado. Fue cuando presentaron el tercero cuando el PSD votó en contra, lo cual precipitó la caída del gobierno de Sócrates, que no contaba con una mayoría estable en el Parlamento.

El argumento del PSD es que los recortes no venían acompañados de un plan de reformas que liberalizasen la economía y permitiesen recuperar el crecimiento económico. Sólo con crecimiento se puede hacer frente a las deudas actuales y a las que se van adquiriendo a medida que sigue cerrándose el Presupuesto con déficit. Ahora Pedro Passos Coelho, ganador de las elecciones y primer ministro portugués in pectore, tendrá que atenerse a lo que él mismo exigía a José Sócrates y proponer al Parlamento un verdadero programa de reforma económica. Si no lo hace, habrá faltado a su promesa, a sus votantes, y a todos los acreedores del Estado de Portugal, con consecuencias devastadoras.

Por el momento, los dos principales líderes del país han actuado correctamente. José Sócrates se retira de la política –con una declaración, que le honra, de no “ocultarse en las circunstancias”- y en la que ha llegado tan lejos como podía llegar, pero en la que no ha logrado servir a su país como hubiera debido. Y Passos Coelho ha tranquilizado a los inversores, declarando que “haremos todo lo posible para cumplir con los acuerdos establecidos entre el Estado portugués, la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional, para recobrar la confianza de los mercados”. Para eso le han elegido.

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