Opinión

La tragedia del pueblo sirio

Viernes 10 de junio de 2011
La brutal represión que el gobierno sirio está llevando a cabo contra la ciudad rebelde de Yisr al-Shagun está alcanzando cotas intolerables. Cientos de sirios están huyendo al país vecino, Turquía, temerosos de posibles represalias del régimen de Bashar al-Asad, que pierde cada día la poca legitimidad que tenía a base de masacrar a sus ciudadanos. Las imágenes de los dos niños de trece años torturados brutalmente, antes de ser asesinados por la Policía gubernamental, tras ser detenidos en unas revueltas, han dado la vuelta al mundo y son una buena muestra del carácter brutal y de crueldad extrema que se esconde tras la falsa apariencia amable de Al-Ashad.

Una vez más, la comunidad internacional se encuentra dividida ante la reacción frente a este nuevo episodio de la primavera árabe. Con Gadafi a punto de caer –según aseguraba esta semana la OTAN, afirmando que el dirigente libio “ya es historia”- la posibilidad de una posible intervención internacional en Siria ni se plantea como opción, por el carácter desestabilizador que esto podría tener en una zona tan sensible como es el Oriente Medio. Sin embargo, resulta frustrante ver cómo el régimen de Bashar al-Asad ataca impunemente a su población, mientras la comunidad internacional se limita a presionarlo con una condena de la ONU a la que, por otra parte, son contrarios tanto China como Rusia, miembros con derecho a veto del Consejo de Seguridad. Es obvio que teniendo en cuenta la ubicación de Siria, haciendo frontera con Israel, Irak, Irán, Turquía y el Líbano, hay que extremar las precauciones para no agudizar aún más si cabe la ya de por sí alta tensión de la zona. Sin embargo, la comunidad internacional no puede quedarse cruzada de brazos mientras otro pueblo más trata de librarse del yugo de un dictador para alcanzar esa democracia de la que tanto nos enorgullecemos.

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