El PP gana fuerza mientras el ministro suma enemigos y frentes abiertos
Viernes 10 de junio de 2011
El 'efecto Rubalcaba' pierde gas y no ha alcanzado los objetivos deseados. El Partido Socialista no sólo no ha remontado vuelo sino que el Partido Popular se aleja. Además, la oposición ya no cuenta con el presidente del Gobierno y pide cuentas de toda polémica al candidato, rezagado ya en los primeros metros del sprint.
José Luis Rodríguez Zapatero dio carpetazo a un proceso de primarias con la elección de Alfredo Pérez Rubalcaba y el sacrificio de Carme Chacón para despejar el camino. Se necesitaba inmediatez para evitar el paso del tiempo sin un candidato y evitar debates internos. De hecho, el vicepresidente primero y ministro del Interior no tardaría en comenzar su agenda de actos como aspirante socialista a La Moncloa. Aventurado afirmar ya que en 2012. Pero el cántabro no se ha limitado a encabezar el nuevo proyecto sino que se ha erigido en máximo representante del Gobierno en cuestiones tan delicadas como la propia supervivencia del Ejecutivo hasta marzo del próximo año, hecho que pasa por los votos favorables de CiU o PNV a los Presupuestos Generales del siguiente ejercicio.
Es su posición de líder la que le ha situado también en el centro de la diana, la que hace que toda información relativa a España le haga primer responsable. Y las informaciones no llaman al optimismo. Asimismo, los sondeos publicados tras su elección han evidenciado que el descontento demostrado en las urnas con los socialistas no se modera con un cambio de rostro. Al contrario. Las más recientes encuestas de los diarios El País y El Mundo coinciden: el Partido Popular aventaja al Socialista de Pérez Rubalcaba en 13,8 puntos en intención de voto. 1,2 puntos más que antes de las municipales y autonómicas. El estudio de Metroscopia para el periódico de Prisa concluye además que el 57 por ciento de los votantes del PSOE creen "imposible" una remontada.
El 'Movimiento 15-M', al que en Ferraz se guarda respeto y temor a partes iguales, ha sido abordado con suma cautela por el ministro del Interior. Los 'indignados' han pedido en las calles cambios en la forma de hacer política y sectores del socialismo reclaman desde plataformas una mayor democracia en su partido, en tela de juicio después de la alteración de las primarias para acelerar la elección. José Bono no echó una mano a estas demandas al proponer la reducción de días de Pleno en el Congreso en una jornada que acercó a los promotores de la acampada de Sol al Parlamento con motivo del enésimo no acuerdo para la reforma laboral.
Pérez Rubalcaba, hasta el momento proveedor de tiempo y espacios a los 'indignados' para evitar altercados, es señalado ahora por la oposición tras las cargas policiales frente a las Cortes Valencianas. 24 horas más tarde, este viernes, el candidato celebraba un acto de partido en esta ciudad junto a sus compañeros del PSPV que decidía aplazar, temeroso de que las protestas y las culpas por las detenciones y lesiones fueran dirigidas a él en plena campaña de imagen. El temor estaba amparado en datos: 'Acampada Valencia' había hecho un llamamiento a través de las redes sociales para acudir al evento y "preguntar" al dirigente por la actuación de la Policía Nacional.
Al fracaso de la negociación colectiva y a la información principal ofrecida este viernes en El Mundo, que revela que un informe oficial muestra que la economía española vuelve a deteriorarse, se suma que es Pérez Rubalcaba quien debe dar las pertinentes explicaciones. La oposición ha decidido obviar al presidente del Gobierno y carga tintas contra el sucesor, con gran carga de trabajo en las sesiones de control y con la fiscalización permanente de Soraya Sáenz de Santamaría.
Es el candidato. Ninguno de los ocho aspirantes a rivales en primarias ve probable conseguir los 21.872 avales necesarios para batirse en duelo con el bregado delfín. La precipitación de su elección y el haberse quedado solo ante el peligro, en tales circunstancias y a la vista de unos sondeos que no esperaba el PSOE, hacen de la actual una situación delicada para un político en el final de su carrera que no logra encauzar el último gran servicio encomendado.
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