Miércoles 15 de junio de 2011
Hace pocas fechas la ministra de Exteriores española, Trinidad Jiménez, mostraba su optimismo acerca de una resolución del conflicto libio “en unos meses”. Siendo graves estas afirmaciones, no son exclusivas de un solo país. La indecisión a la hora de actuar en Libia y las reservas que a día de hoy sigue teniendo la comunidad internacional en cómo proceder han reforzado aun Gadafi que sabe que el tiempo corre a su favor. Cuenta para ello con el veto de Rusia y China en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, y juega a su favor el hecho de que él no tiene reserva alguna en lo que a utilizar armamento pesado contra sus propios compatriotas se refiere.
Ciudades como Misrata están a punto de susfrir un colapso humanitario, por el acoso a que las está sometiendo el ejército de Gadafi. Cada día que pasa la situación de los rebeldes es más incierta, y eso deja en muy mal lugar a la comunidad internacional. Su vacilación es toda una invitación a que tiranos del tres al cuarto masacren a la población civil de sus respectivos países, a sabiendas de que nadie les importunará mucho en sus conductas genocidas. Véase si no el caso de Siria, donde las atrocidades cometidas por sus autoridades van de mal en peor. O los participantes en la coalición internacional ponen algo más de empeño en Libia, o Gadafi se habrá apuntado otro tanto.
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