Sin aportar nada nuevo
Martes 01 de abril de 2008
Diez años y siete meses ha habido que esperar para que un juez dijera lo que ya se sabía desde el 31 de agosto de 1997, día en que la Princesa Diana de Gales murió en un accidente de coche junto a su novio, el magnate árabe Dodi Al Fayed. Con un contundente “El Duque de Edimburgo no ordenó la ejecución de la Princesa, ni tampoco en el accidente se vieron envueltos los servicios secretos”, el juez Scott Baker ha puesto fin al denominado “caso Diana”, cuyo proceso judicial se ha celebrado en Londres durante estos últimos seis meses, con la participación de 252 testigos y con una cuantía de nueve millones de euros para dejar las cosas como estaban.
Ahora, los testigos tendrán que decidir si el choque mortal en el túnel parisino fue obra de la negligencia del conductor, Henry Paul, que también murió; de los fotógrafos que perseguían al automóvil o de ambos. El jurado también tiene la posibilidad de dar un veredicto de muerte accidental o dejar el veredicto abierto. Pero ninguna de estas cinco posibilidades podrá concluir, según el juez, que Diana y Dodi fueron asesinados.
El coche, tras el siniestroEn la presentación de sus conclusiones, el juez indicó que no existe ninguna prueba que pueda sustentar las acusaciones que ha vertido a lo largo de estos años Mohamed Al Fayed, hijo del magnate fallecido junto a Diana, entre ellas “sobre todo la proposición de que Diana fue asesinada por el servicio secreto bajo las órdenes del Duque de Edimburgo. No hay evidencia de que ordenara la ejecución de Diana, y no hay evidencia de que el servicio secreto de inteligencia o cualquier agencia del Gobierno lo ordenara”, concluyó el magistrado Scott Baker en su discurso. “Las diferentes teoría conspirativas sugeridas por Mohamed sobre estas muertes no tienen fundamento. Son tan demostrativamente sin evidencias que hasta su abogado no las invoca más”. Además añadió que siempre habrá quien crea que a la ex esposa del Príncipe Carlos se le tendió una operación secreta para impedir que se casara con Dodi o tuviera un hijo de sangre egipcia. Al final del juicio, tomó la palabra Mohamed Al Fayed, que al comienzo del juicio había dicho al jurado que aceptaría el veredicto, para recordar a las 12 personas (seis hombres y seis mujeres) que el millonario tendrá que cumplir con lo prometido.
Un grato fallo para la Familia real inglesa, en especial para el duque de Edimburgo, que seguro que ahora ya respira más tranquilo que nunca. Éste estuvo imputado pero, al menos, no tuvo que declarar en esta investigación, como tampoco lo hicieron la Reina y su hijo el Príncipe Carlos. Aunque sí les creará cierto nerviosismo la cifra que el “caso Diana” ha costado a las arcas públicas. Quizá por eso la Monarca británica, de 82 años, que se mostró el lunes solidaria con sus súbditos y los crecientes problemas del país y canceló la costosa fiesta que tenía previsto celebrar por su Boda de Diamantes.
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