Domingo 19 de junio de 2011
Ayer era el día elegido para celebrar la vigencia de un idioma, el castellano, hablado por más de 500 millones de personas en todo el mundo. A nivel nacional es más propio utilizar la terminología elegida por la Constitución donde, en su artículo 3, se dispone que “el castellano es la lengua oficial del Estado” y se les da carácter de “cooficiales” a las demás lenguas autonómicas. O lo que es lo mismo: gallego, catalán y euskera son tan españolas como el castellano, con la salvedad de que éste último, por mor de su oficialidad, comporta tanto el derecho como el deber de ser conocido.
Con todo, hay quien parece no entender algo tan diáfano. La presidenta del PP en Cataluña, Alicia Sánchez Camacho, solicitaba de manera oficial a finales de esta pasada semana que sus hijos pudieran escolarizarse en castellano y catalán. Algo elemental que, sin embargo, sigue levantando unas suspicacias tan absurdas como mezquinas. Nacionalistas catalanes y PSC han emprendido de un tiempo a esta parte una persecución -no diremos que del castellano porque, el español, como lengua universal en expansión se defiende sobradamente- de los derechos más elementales de aquellos catalanes que deciden escolarizar a sus hijos en esa lengua, una persecución difícilmente asumible. Obvian resoluciones judiciales que les son desfavorables en su propósito de defenestrar la lengua oficial del Estado, conculcando los derechos de sus conciudadanos, y no cejan en su empeño.
El PP tiene ahora en su mano la fuerza necesaria -son el tercer partido en número de escaños dentro del Parlament- para poner coto a semejante desafuero. Sería deseable que en esta tarea fuese de la mano del PSC, aunque es sabido que la filial catalana de los socialistas hace tiempo que inició un peligroso viraje hacia en nacionalismo, cuyo nefasto resultado en las urnas el fiel reflejo del fracaso que les ha supuesto. No hay que atacar ni al castellano ni al catalán, sino sentirse orgulloso de ambos, promocionándolos. Y, fundamentalmente, dejar que cada cual elija con arreglo a su libre albedrío, y no de acuerdo a totalitarios clichés nacionalistas.
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